Los girasoles ciegos

Alberto Méndez, hijo del traductor José Méndez Herrera, fue un escritor de un talento  proverbial y que no tuvo el reconocimiento que merecía. Sin embargo, el paso del tiempo y una obra excepcional como «Los girasoles ciegos» han conseguido que su memoria permanezca como referente de la literatura, que siempre es dilecta y amada en el poema universal del recuerdo. Fue galardonado, a título póstumo, con el Premio Nacional de Narrativa en 2005. También, obtuvo el de la Crítica. Antes de  «Los girasoles ciegos» (2004), escribió el «Manuscrito encontrado en el olvido». Su obra de referencia fue  publicada en Barcelona, en la editorial Anagrama. A la primera edición, 2004, sucedieron otras. Fue llevada al cine.  Narra cuatro historias, relacionadas entre sí en el marco de la guerra civil española. La primera parte trata la vida del capitán Carlos Alegría. El título completo se titula «Primera derrota: 1939 o si el corazón pensara dejaría de latir». En este capítulo leemos y descubrimos cómo Carlos Alegría decide traicionar al ejército franquista. La historia comienza con la rendición de Carlos ante los republicanos. Estos lo apresaron y lo llevaron a la capitanía general, donde fue encerrado. Pero las tropas republicanas abandonan la  capitanía y esta es tomada por las tropas de Franco. Al hallar encerrado al capitán Alegría, lo consideran como un traidor, por lo que es condenado a la pena de muerte. Deciden fusilarlo, pero va a ocurrir algo inesperado y que lo va a salvar de la muerte: las balas solo lo hieren en la parte superior de la cabeza y consigue salvarse. Logra salir con vida, por tanto, y busca un lugar para curarse las heridas. Una mujer lo encuentra maltrecho en el campo, lo cura y le proporciona alimentos. Cuando tuvo las suficientes fuerzas, se dirigió al pueblo donde nació; lugar en el que fue apresado, otra vez. «Ahora sabemos que el capitán Alegría eligió su propia muerte a ciegas, sin mirar el rostro furibundo del futuro que aguarda a las vidas trazadas al contrario».

El segundo capítulo se titula: «Segunda derrota: 1940 o manuscrito encontrado en el olvido». En esta parte se narra, siguiendo un relato escrito en un cuaderno, cómo un joven y una muchacha embarazada intentan la huida durante la guerra civil; sin embargo, la chica, embarazada de 8 meses, da a luz y no consigue sobrevivir al parto. El muchacho se hace cargo del niño y lo cuida. La narración nos sigue mostrando los diversos avatares y sucesos que acontecen.  Las circunstancias adversas, el frío y la falta de alimentos hacen que mueran tanto el niño como el joven. El cuaderno fue encontrado en la primavera de 1940, junto a una vaca muerta y dos cadáveres humanos a medio descomponer, por un pastor que lo dio a conocer. El tercer capítulo se titula «Tercera derrota: 1941 o el idioma de los muertos». Esta parte tiene como motivo la historia de Juan Senra, un detenido que consigue sobrevivir en la cárcel: Para ello, miente al capitán Eymar, ya que este le hacía preguntas sobre su hijo, con el que compartió bando en la guerra. El último capítulo lleva por título  «Cuarta derrota: 1942 o los girasoles ciegos». Se narra la historia de un vencido, Ricardo, un republicano que en los momentos inmediatamente posteriores a la guerra se refugia en un armario de su casa. El sacerdote, Salvador, del colegio, se siente atraído por la mujer de este, Elena,  y va a la casa con frecuencia. Intenta abusar de la mujer y el marido sale de su escondite para evitarlo. Entonces, el cura sale de la casa, llama a la policía y el escondido se suicida tirándose por la ventana delante de su mujer y de su hijo.

«Los girasoles ciegos» es una obra en la que la literatura y la historia estrechan su relación de un modo sublime y mirífico. El traductor y el escritor reflejan un estilo proverbial y excelso que sirve para conocer los secretos de la narrativa en sus postulados más innovadores y creativos. Los relatos, como señala Gutiérrez Aragón, tienen un punto de vista novedoso sobre la guerra civil. Habla de los vencedores y de los vencidos, pero, en algún caso, presenta a los vencedores como moralmente vencidos.  Una obra distinta, donde los sentimientos se convierten en testigo excepcional de aquella tragedia. Novedad, sinceridad. Otra técnica y una aventura narrativa que sorprende por su originalidad y singularidad. Una perspectiva distinta. Un enfoque diferente. La lectura se convierte, así, en documento para fotografíar una realidad tan cruel y terrible. Alberto Méndez, el ejemplo de que una sola obra es suficiente para universalizar e inmortalizar la caligrafía de una literatura, que tanto se parece al periodismo en su finalidad esencial: descubrir la verdad y contarla.

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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