La redacción del New York Times

El periodismo de nuestro tiempo, atento a la innovación y a la calidad, sigue su curso para redactar el futuro con la métrica de un presente que observa y percibe los nuevos formatos y orientaciones como un objetivo, que hay que lograr en el verso de los días que se hacen instantes. De Larra a Tom Wolfe. De Pedro J. Ramírez a Martin Baron y DeanBaquet, en esos horizontes en los que la tradición y los cambios se funden en unas nuevas páginas de oro. El periodismo es, así, la profesión más hermosa, cuando los referentes no son otros que la ética y la vocación de servicio a la sociedad. Para recordarnos, una vez tras otra, lo que dijo Bend Bradlee, aquel gran director del Washington Post: «El fundamento del periodismo es buscar la verdad y contarla».

Pero el tiempo, en su odisea inexorable por los mares del mundo, exige unos modelos que den respuesta a los lectores del siglo XXI en el recuerdo de las generaciones, que creyeron en su mejor concepto. El New York Times es un ejemplo ilustrado de que hay que estar en permanente atención para lograr las metas deseadas. De ahí, lo importante que resulta leer el documento de este medio sobre sus planteamientos, con la mirada puesta en el ya cercano 2020. El documento, que consta de  37 páginas, insiste en el hecho de que quien pierda el tren de la era digital y móvil se quedará atrás de forma irremediable. La herencia del papel seguirá siendo un referente, mas teniendo claro que la apuesta no puede quedarse en esta edición, porque, antes bien, todo debe comenzar por cambiar la ordenación y estructuración de la misma, de modo   que la relación entre las ediciones digital, móvil e impresa constituya un fiel reflejo de los caminos del nuevo periodismo. Ayer, hoy y mañana: sí. Mas sintetizados y adaptados a las estrategias que se han definido y considerado como esenciales con el fin de que el lector siga las noticias por los medios que las crean antes que por cualquier otro sistena. De manera que la referencia comience por el buen periodismo y no al contrario. Este enfoque es el que trata de conseguir que la buena información se pague y, de esta forma, los suscriptores aumenten y se multipliquen. La finalidad no es otra que garantizar la independencia y la libertad de expresión para denunciar los excesos del poder.

El New York Times avanza en dirección a una realidad diferente. Pensando en este menester, justifica las ediciones en español y en chino y otros ambiciosos proyectos de su director y equipo de redacción. La transformación se acelera a la búsqueda de canales de distribución distintos a los tradicionales. El logro de la información y de la opinión con la excelencia como punto de partida y como punto de llegada es el garante para los suscriptores y anunciantes que observan cómo el periodismo no solo no se muere, sino que, por el contrario, se fortalece. Más de un millón y medio de suscriptores son testigos de este planteamiento innovador. Nuevas secciones, más rigor en otras y dilección por las noticias y reportajes de salud, negocios, trabajo, nuevas tecnologías y cine, además de una prosa wolfeana para la narración y diseño de las historias. Un periodismo digital, móvil e impreso, que, además, es la escritura homérica de la no ficción, con el estilo del gran Talese y la metaliteratura  de Truman Capote. Una prosa que incorpora las técnicas de la narrativa para hacer una crónica diferente, en la que «CommonGround» de Anthony Lukas es una cita obligada.

El New York Times no está dispuesto a perder su posición de privilegio. Ni con papel, ni sin papel. Con su director, DeanBaquet, al frente, sus retos son los propios de la voz de los tiempos en una versión que aúna la digitalización y la impresión para convertir el instante en rigor, en investigación y en creatividad. Con los lectores como partícipes de este proceso. Una metodología consecuente al servicio de los enfoques más innovadores. Renovación de las secciones tradicionales y creación de otras que reflejen las inquietudes y preferencias. Claves estratégicas que conduzcan al liderazgo, El periódico, conocido como la «Dama gris», fundado el 18 de septiembre de 1851 por Henry Jarvis Raymond y George Jones, se transforma y universaliza. Sus señas de identidad siguen presentes como la métrica que se hace eterna en la historia. Pero reconociendo que el periodismo tiene que seguir siendo periodismo en 1851 y en 2017. Lo que se concreta en lo que McPhee llama literatura de los hechos, siempre con la verdad por delante. Y, claro es, en el amor inquebrantable a una profesión, que sigue siendo mirífica y admirable.

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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