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LAS INOCENTES (Les innocents)

Francia 2016 100 min.

Dirección Anne Fontaine Guión Sabrina B. Karine, Pascal Bonitzer, Anne Fontaine y Alice Vial Fotografía Caroline Champetier Música Grégoire Hetzel Intérpretes Lou de Laâge, Agata Buzek, Agata Kulesza, Vincent Macainge, Joanna Kulig, Anna Próchniak, Katarzyna Dabrowska

Hasta ahora habíamos conocido a Anne Fontaine por trabajos pulcros y a la vez intrascendentes como Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel, Dos madres perfectas y Primavera en Normandía, manejándose bien con actrices francesas como Audrey Tatou y anglosajonas como Robin Wright, Naomi Watts o Gemma Arterton. Pero nunca hasta esta película se había manifestado tan precisa y austera así como definida en sus intenciones, y con actrices poco o nada conocidas. Si acaso destaca Lou de Laâge, que poco a poco va labrándose un puesto de popularidad gracias a papeles como el que protagonizó junto a Juliette Binoche en La espera. Junto a ella un nutrido grupo de buenas y en general jóvenes actrices polacas protagonizan esta reconstrucción de otro episodio infame de la Segunda Guerra Mundial, cuando después de sufrir el tormento de los alemanes, las monjas de un convento cerca de Varsovia sufrieron la violación sistemática por parte de miembros del ejército ruso, con la guerra casi acabada y con resultado de muerte para muchas de ellas y embarazo para otras. Fontaine obvia los detalles más escabrosos de la tragedia, incluido el deceso de algunas de las hermanas, para centrarse en la peripecia de la doctora francesa que se encarga de ayudarlas una vez descubierto el horror, revelándose como una suerte de infiltrada en el convento como Whoopi Goldberg en Sister Act o Cristina Sánchez Pascual en Entre tinieblas. La comparación no es para hacernos los graciosos, sino que tiene mucho fundamento por la intrusión de esta joven laica en tan espiritual escenario, erigiéndose en una especie de revelación para ellas, encerradas en un mundo hermético e inaccesible para los sentimientos más mundanos. Una espiritualidad más impuesta que real, al que muchas de las novicias han llegado más por inercia u obligación que por propia elección. Y es que a Fontaine lo que le interesa del relato basado en cruentos hechos reales es la libertad de decisión de la mujer, la que ejerce la protagonista con su amante también médico, y la que aprenden a ejercer las monjas a partir del nacimiento de unos hijos fruto del abuso más escabroso e impresentable del hombre sobre la mujer. Preciosista en su puesta en escena, con evocadores paseos de las inocentes monjas por nevados bosques e interiores retratados con todas sus luces, sombras y contrastes, así como el detalle de los hábitos también contrastados por hermosos blancos y negros. Pero a Fontaine le sobra tanta sobriedad, reprime desmelenarse un poco, ofrecer un algo de espectáculo visceral con el que llegar mejor a una platea que se pierde entre tanta contemplación y poca transmisión de verdadera emoción. Con todo sorprende la naturalidad de su propuesta, exenta por completo de impostura, celebrando la cercanía de la realidad tangible, ilustrada por contadas ráfagas de una sensible banda sonora, obra de Grégoire Hetzel, que parece estar especializándose en hábitos religiosos, habida cuenta de su último trabajo L’ami, en torno de Francisco de Asís. Lástima que en este apartado de la música se eche mano una vez más del ya impertinente On the Nature of Daylight de Max Richer, para remarcar el carácter elegíaco del desenlace.