El castillo de Diego Corrientes, el refugio del «Robin Hood» de los bandoleros

El castillo de Diego Corrientes, el refugio del «Robin Hood» de los bandoleros

Una fortaleza medieval del siglo XIV junto a un puente de la época romana, todo ello rodeado por el halo místico de haber sido un lugar en el que las leyendas populares aseguran que se escondía nada más y nada menos que el bandolero Diego Corrientes, «el ladrón de Andalucía, el que robaba a los ricos y a los pobres socorría». Todos estos ingredientes habrían provocado en muchos puntos geográficos que el lugar se convirtiera en un lugar muy transitado por turistas o por personas interesadas en entrar en contacto con la historia, pero lo cierto es que la zona de Las Alcantarillas de Utrera es lo más cercano en la actualidad a una tierra inhóspita, ya que pocos conocen la importancia de las construcciones que allí se encuentran.

Muy cerca del enlace con la N-IV, al final de la carretera de Las Alcantarillas es posible divisar lo que queda de esa fortaleza medieval que, según cuentan los historiadores, puede ser incluso anterior al siglo XIV. Se situaba en un enclave estratégico en la ruta que unía Sevilla con los puertos gaditanos, un camino que era muy frecuentado para el transporte de grano primero y después del descubrimiento de las Indias se utilizaba para todo lo que tenía que ver con la navegación. Al llegar a este punto, en la actualidad poco se puede intuir acerca de lo que pudo vivirse allí en otros tiempos, pero hay algo que sí sorprende y es que las pocas piedras que quedan en pie de esta fortaleza están acompañadas de un cartel con una inscripción que reza «Castillo de Diego Corrientes».

El bandolero Diego Corrientes, nacido en Utrera en el año 1757, es uno de los personajes más paradigmáticos del romanticismo andaluz. Un bandolero que representó la rebeldía y la lucha contra el poder establecido en una época de penurias para la gran parte de la población y que se granjeó la simpatía del pueblo porque siempre robaba a los ricos y no dejaba víctimas en sus asaltos. Se podría decir que se convirtió en el «Robin Hood» de los bandoleros, consiguiendo que el pueblo le ayudara siempre en sus huidas, poniendo en jaque a todo un rey como Carlos III, quien se vio obligado a nombrar como juez especial para la represión del bandolerismo al famoso Francisco de Bruna y Ahumada, quien terminaría convirtiéndose en el enemigo acérrimo de Corrientes.

castillo diego corrientes 2Las leyendas que han llegado hasta nuestros días son múltiples, una de ellas asegura que esta fortaleza era el cuartel general que utilizaba Diego Corrientes para planificar sus fechorías, que se extendían por Sevilla, Huelva, Badajoz e incluso Portugal. Otras de estas leyendas aseguran que el puente que se encuentra junto a la fortaleza fue el escenario de un famoso encontronazo entre Francisco de Bruna y Corrientes, en el que el bandolero no tuvo otra ocurrencia que colocar un pie en la diligencia de su enemigo pidiéndole que le atara los cordones de las botas.

Con el paso de los siglos el acerbo popular de la zona ha terminado identificando este lugar con la figura del bandolero, aunque en la actualidad el castillo, que está declarado como Bien de Interés Cultural, no se encuentra en sus mejores condiciones y apenas mantiene elementos originales, pasando desapercibido para muchos de los conductores que transitan por allí. Una verdadera pena, ya que existen pocos lugares en el término municipal de Utrera con tanta historia y simbolismo como éste.

Diego Corrientes inicialmente era jornalero pero, harto de una vida de penurias y miseria, decidió dedicarse al mundo del bandidaje, cuando solo tenía 23 años. Comenzaba así una vida turbulenta y extraordinariamente intensa, ya que se dice que solo en el camino que unía Sevilla con Madrid llegó a atracar más de mil diligencias. Para poder atrapar al bandolero utrerano, el Estado tuvo que poner en marcha todos sus resortes hasta que fue apresado en tierras portuguesas.

El Viernes Santo del año 1781 era ajusticiado en la horca en la plaza de San Francisco de Sevilla y su cadáver se descuartizó según la costumbre de la época, enviando cada una de las partes a las provincias de Jaén, Córdoba y Huelva. Su cabeza se expuso en la Puerta de Osario.

Queda la sabiduría popular que sigue contando historias del bandolero, permanecen numerosos romances que hablan de sus andanzas e incluso numerosas películas centradas en la vida del bandolero, pero aunque muchos se resistan a creerlo, sobre todo las autoridades, queda el castillo que lleva su nombre, sea cierto o leyenda que el bandolero se escondiera allí.

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