Diego «El Cabrillero», heredero de las grandes figuras del flamenco en Utrera

Diego «El Cabrillero», heredero de las grandes figuras del flamenco en Utrera

A finales de los años 50, hasta las esquinas de Utrera sonaban con compás de palmas flamenco. Una generación irrepetible de artistas como Fernanda y Bernarda, Perrate o Gaspar, asombraban a los amantes del flamenco. Por eso la localidad olía a arte, donde las tabernas eran en muchas ocasiones el rincón en el que se podía aspirar ese aroma auténtico.

En aquellos días, Diego Amaya Núñez, conocido en la localidad como Diego «El Cabrillero», era solo un niño a la sombra de los más grandes. Él frecuentaba los lugares donde se podía escuchar el cante y con solo catorce años comenzó a hacer sus primeros pinitos, como él mismo reconoce, «siempre con mucha vergüenza y escondido detrás de los grandes».

Este cantaor utrerano hace memoria y habla de una Utrera de la que él es heredero, pero que se extinguió para siempre y recuerda enclaves como «El Chori», «El Limones» o «Costa», «donde había gente que cantaba de maravilla y no eran para nada conocidos, y es que en las tabernas nos metíamos todos a escuchar buen cante y a calentarnos. No entiendo como ahora en Utrera no te dejan cantar en las tabernas».

En esos enclaves con tanto sabor que poco a poco han ido desapareciendo o transformándose de manera radical, comenzó la carrera en el mundo del cante para Diego «El Cabrillero». Un camino que en un principio estaría a la sombra de las grandes estrellas de la localidad pero que le llevaría en varias décadas a ganar más de medio centenar de concursos de cante por todos los rincones de Andalucía, obteniendo el reconocimiento tanto del público como de la crítica.

A Diego nunca le deslumbraron los focos ni el glamour de los escenarios ya que, a pesar de tener mucho talento, nunca se decidió a dar el paso de dedicarse por entero al mundo del cante, y continuó siempre trabajando como agricultor. «Alguna vez he llegado a las tantas de la madrugada de un concurso de cante y por la mañana me iba directamente al campo a trabajar. Bambino me pidió en muchas ocasiones que me fuera con él a Madrid a formar parte de distintos espectáculos, pero al final nunca me decidía, quedaba con él, pero a la hora de la verdad yo no aparecía», explica Diego.

Incluso tuvo la oportunidad de grabar un disco, el cual no tuvo la suficiente publicidad ni una distribución adecuada, por lo que Diego ni corto ni perezoso, grabó más de doscientas cintas de casette y se dedicó a vender estas cintas por los bares y comercios de la localidad.

Recientemente el cantaor utrerano ha participado en la grabación de un disco muy especial, que forma parte del proyecto «Memoria Antológica. Flamenco y Universidad», que ha contado con el apoyo de un buen número de universidades andaluzas. Es un proyecto que trata de recoger a través de diversas grabaciones el legado más auténtico del flamenco andaluz, por lo que la voz de Diego ha quedado recogida para que no se pierda nunca y las generaciones venideras puedan disfrutar de esa personalidad tan acusada, otorgándole al cantaor utrerano el sitio que se merece.

Diego ha mostrado su dominio de numerosos palos flamencos en dicha grabación, donde no ha faltado incluso un magnífico mano a mano con Rafael de Utrera en una taberna, únicamente acompañado del compás de sus nudillos golpeando en la barra. Eso que tantas veces escuchó Diego en su infancia y que lo dejó marcado para siempre, vuelve a la vida gracias a esta grabación, que sin lugar a dudas se ha convertido en un bálsamo rejuvenecedor para el artista utrerano.

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