Peatonalizar con el trasero

El ombligo de este pueblo tiene un nombre y apellido que es la Plaza del Altozano. Allí comenzó la prehistoria de festejos taurinos, allí tuvo su sede el propio ayuntamiento de Utrera, allí tenemos grabada en nuestra memoria la nevada de los años 50 y de allí también se guardan amargos recuerdos como la inundación del Calzas Anchas en 1964. No hay nada como organizar un evento en el Altozano para que repercuta en toda la ciudad. Así es fácil de entender que el alcalde José Dorado (PSOE) pretendiera impulsar su candidatura en las elecciones locales de 2003 arreglando la Plaza. Lamentablemente tanto para él –ya que perdió las elecciones– como para el resto del pueblo el nuevo diseño no gustó a nadie: la eliminación de los árboles, la inclinación del pavimento y las terribles bolas de hormigón. El siguiente alcalde –Francisco Jiménez (PA)– además de eliminar aquellas bolas nada más ocupar el cargo y de recuperar a los naranjos tomó la decisión de cerrarla al tráfico por las tardes y los fines de semana. Aquello provocó fuertes críticas de los comerciantes de la zona azuzados por la oposición política del momento. Críticas que se fueron desvaneciendo como la niebla al comprobar la vida que trajo consigo la peatonalización y que han hecho del Altozano y de las calles aledañas aún más centro para alegría nuestra y de quienes nos visitan. Irradiado desde el Altozano el proceso de peatonalización del conjunto histórico de Utrera debería continuar con la Plaza de la Constitución para en un futuro unirse al entorno recuperado del Castillo donde el ayuntamiento ya adquirió diversos inmuebles. Ideas que son del anterior equipo de gobierno y de las que huye como el fuego el actual alcalde –José María Villalobos (PSOE)– quien ahora se ha embarcado en hacer peatonal la Plaza de Pío XII, o sea precisamente el extremo opuesto. Por si fuera poco las obras se ejecutarán con la subvención del PER de modo que el vecindario tiene literalmente las «carnes abiertas» por el medio centenar de plazas de aparcamiento que se van a eliminar y sobre todo por el temor al retraso que este tipo de obras suele acarrear. Pero con todo lo peor será el colapso permanente que se va a provocar en el tráfico al crear un inmenso tapón circulatorio tanto al entrar por la rotonda de la Calle Molares como al salir de nuevo a la de San Juan Bosco. Es lo que se dice peatonalizar con el trasero. 

 

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