Javier Fernández, socialista de cuna

Se acercan las seis de la mañana, esa hora en la que ondas de la radio comienzan a versificar las sílabas wolfeanas de la información y el periodismo digital inicia la búsqueda de noticias, historias y reportajes que le pongan voz y letra a la actualidad en el contexto de los días, que pasan como una metáfora en alta mar, cuando las olas agitan su propio recorrido. En un folio que tengo junto al portátil y la taza de café, un enunciado recoge estas palabras de Juan Marsé como si fuera la sintaxis que vuelve a su origen después de una larga travesía por el espacio que, eternamente, permanece: «Don Quijote es el valedor de lo más noble, bello y justo que alienta en el corazón humano, el que vela por el espíritu, la vigencia y el esplendor de los sueños».

Comenzaron los juicios de las tarjetas «black» y del caso «Gürtel». Empezó su andadura la gestora del PSOE, después del destronamiento de Pedro Sánchez en el agitado fin de semana en la sede de la calle Ferraz. La vida continúa y bien pronto se ha hecho notar la serenidad de Javier Fernández, el presidente de Asturias y la cara visible del socialismo en estos duros momentos; tan decisivos, por otra parte, para el porvenir de unas siglas, que tienen que volver a ocupar un lugar de privilegio en la política española. El asturiano presenta claras diferencias con el exsecretario general. Su discurso  está lleno de sensatez, de sosiego y de confianza en las posibilidades de su partido. Si consigue cambiar el curso de las turbulentas aguas que ahora bajan, habrá prestado un gran servicio no solo a su formación, sino, de la misma manera, a la nación. Lo menos importante es si proclama, en nombre de sus compañeros, el sí a la abstención o  el no, aunque la mayoría de los diputados del grupo parlamentario esté valorando la primera opción para evitar unas terceras elecciones, que no sería lo más aconsejable en este período de debate interno y reconstrucción. Lo más trascendente es que su mensaje tiene mucho que ver con el espacio que el partido socialista ha ocupado siempre.

Hombre cabal y de firmes valores, su familia ha sido el primer referente para su ideario y sus convicciones. Tiene claro que, por encima de las diferencias, está el arte del diálogo, al que sabe convertir en dialéctica renovada que se asemeja a los límpidos textos literarios que ha leído en la tranquila reflexión que acompaña a la tarde, cuando el sol amarillo se aleja lentamente en los bellos horizontes de los paisajes de su tierra. Es aficionado al tenis y al deporte, convencido de que una vida sana es un tesoro en el justo ejercicio del tiempo que ya no regresa. Piensa como nuestro escritor de hoy, Juan Marsé, que el olvido y la desmemoria forman parte de la estrategia del vivir, tanto en la sociedad civil como en los estamentos del poder. Este político, íntegro y probo, puede hacer una mirífica aportación en una situación compleja y difícil para su partido y para el conjunto de la sociedad española, con problemas muy graves, entre los que la amenaza del independentismo no es de los menores. De Cervantes aprendió que las cosas no siempre son lo que parecen. Muy respetado por todos sus compañeros y  considerado como «quintaesencia» de la discreción, apoyó a Eduardo Madina  en las primarias, pero, poco a poco, se fue aproximando a Susana Díaz y distanciándose de Sánchez.

Muchos dirigentes lo consideran como la persona apropiada para dirigir al PSOE en circunstancias tan complicadas y adversas. Ingeniero de Industria y Minas, su valía política e intelectual es reconocida y elogiada de forma unánime. ¿Puede ser, además, de quien es capaz de suturar las heridas, el secretario general que devuelva a las históricas siglas la esperanza y la ilusión? «Callando es como se aprende a escuchar; escuchando como se aprende a hablar; y, luego, hablando se aprende a callar», reflexionaba Diógenes Laerccio en el diverso y profundo mar de la sabiduría que deja entrever el río del tiempo un momento cualquiera en su verdad. «No decir más de lo que haga falta, a quien haga falta y cuando haga falta», argüía Andrè Maurois para que nadie olvide la prosa deseada del pensamiento. Unos fragmentos, al nacer un nuevo día, cuya semántica parece tener muy en consideración el líder asturiano para no volver a cometer los mismos errores que algunos de sus compañeros. ¿Habrá terceras elecciones? ¿Será una legislatura breve, si hay investidura?  Entre las arrugas que vayan dejando los procesos judiciales de «Gürtel» y las tarjetas «black» al PP y la abstención o el no del PSOE está la respuesta.

Manuel Peñalver

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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