Socorro Moreno, un pilar indispensable en la defensa del campo utrerano

Socorro Moreno, un pilar indispensable en la defensa del campo utrerano

La utrerana Socorro Moreno ha crecido entre olivares centenarios y aceitunas gordales, sintiendo muy de cerca todas las penurias y las alegrías que llenan la vida de un agricultor. Su padre le inculcó el amor por la tierra, le transmitió esa arcana sabiduría que solo poseen los que verdaderamente sienten el campo y son capaces solo viendo el color de las hojas de un olivo en un determinado momento, de vaticinar como va a ser la cosecha de ese año.

Socorro ha visto durante décadas cómo el campo utrerano guardaba un tesoro que año tras año era malgastado y prácticamente ninguneado por empresarios que venían de fuera  tirando los precios de ese producto que con tanto mimo, desvelos y cariño habían cuidado a lo largo del año los agricultores locales. Las condiciones geográficas y climáticas de Utrera provocan que los olivos utreranos ofrezcan una variedad de aceituna gordal que, por su calidad y tamaño, es prácticamente única, siendo además muy valorada en el mercado. No en vano, la localidad es la principal productora nacional de aceitunas gordales.

Socorro Moreno, junto al presidente de Agrosevilla

Socorro Moreno, junto al presidente de Agrosevilla

En Utrera se sigue recolectando este fruto como ya lo hicieran los romanos, a mano, aceituna a aceituna, ya que se trata de una variedad muy delicada que debe conservar su aspecto impoluto. Durante décadas los agricultores han invertido su sabiduría ancestral, tiempo y dinero para seguir con esta tradición, pero la localidad ha olvidado una parte fundamental, como es la transformación y comercialización de este producto. Todo ello ha provocado que sea ciertamente difícil que los agricultores encuentren rentabilidad en su trabajo, ya que al final son empresas de fuera las que llegan poniendo el precio que a ellas les conviene, para llevarse la materia prima de primera calidad, en algunos casos con precios que ni siquiera cubren los costes de producción.

Esta utrerana valiente, harta de las quejas y de la apatía del sector, decidió en 2004 pasar de las palabras a la acción y fundar una empresa de economía social para intentar darle la vuelta a esta peligrosa dinámica. Así, junto a su marido y algunos pequeños agricultores, crearon la cooperativa Utreace, al principio solo con una veintena de socios, después de algo más de una década la aventura está más que consolidada y en la actualidad Utreace tiene casi 200 adhesiones, entre socios de pleno derecho y socios colaboradores.

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Por tanto la situación ha cambiado de manera notable, más aún desde la campaña de 2015, porque ahora Utreace se ha integrado en Agrosevilla, una cooperativa de segundo grado donde se encuentran numerosas cooperativas de la provincia, con una notable experiencia en el sector y que conoce de manera profunda el principal mercado en el que se vende la aceituna española en la actualidad: el mercado extranjero. Socorro, pionera en muchos aspectos, ha sido la primera mujer en ser parte del consejo de administración de Agrosevilla. Desde entonces todos los agricultores que están integrados en Utreace saben de manera clara, cuánto vale cada kilo de aceitunas que entreguen a la cooperativa y dónde se venderán sus aceitunas, sin tener que esperar a que un empresario aguante hasta el último momento, cuando sabe que la aceituna se pudre en el árbol, para poner un precio mas bajo. En la campaña de 2015 los agricultores de Utreace percibieron un 40% más por su producto que los que no forman parte de la cooperativa.

«La situación de los agricultores que forman parte de la cooperativa ha experimentado un cambio radical, antes éramos meros productores, ahora somos propietarios. En Utrera hemos estado muchos años como los países del tercer mundo, producíamos la materia prima y esperábamos que vinieran de fuera a comprarla a precios muy bajos, solo sabíamos producir, no comercializar», explica esta utrerana a la que se le ilumina la mirada cada vez que habla del campo.

Su mensaje poco a poco va calando, sobre todo entre los pequeños y medianos agricultores de la localidad. Cuando empezó a levantar su voz, muchos la tildaban de loca, pero pasan los años y se ha demostrado que cuando una persona siente lo que hace y lucha por un legado que ha pasado de padres a hijos, tarde o temprano la justa realidad se va imponiendo y se van dando los pasos necesarios para que la situación cambie. Con personas como Socorro, se antoja difícil que un tesoro como el que guardan los olivares utreranos se acabe perdiendo.

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