La hora de Núñez Feijoo

Después de una pausa, vuelvo a esta página dilecta con nuevas ilusiones. Son las seis en punto de la mañana. Los periódicos digitales, la radio, la poesía de Valente, los libros encima de la mesa. El café. La tostada. El oro virgen extra de esta tierra de puestas de sol que enamoran la vista y los sentimientos. «Quizá cuando en la infancia se descubrían los cielos, /y el aire quieto alzaba sus pájaros azules, / ya estaba la palabra ensayando sus formas / de volar desnudando la carne del harapo, / presintiendo ser única al sentirse elegida /», escribe más allá de los símbolos, que, al fin, lo fueron, Julio Alfredo Egea. Los minutos pasan y los kioscos nos esperan con las ediciones de papel. Imprescindibles, insustituibles en la sintaxis de las horas que caligrafían la existencia en Utrera, en España y en el mundo. Un día en el que la política vuelve a ser la protagonista. El horizonte se complica como el «Ulises» de Joyce en su laberíntico universo y el futuro se conjuga con el morfema de la incertidumbre. Por si faltara algún aliciente, en el inmediato camino aparecen las elecciones gallegas y vascas, que, tal vez, puedan arrojar alguna luz.

En lo que se refiere al liderazgo del PP, en el caso de que Mariano Rajoy renuncie a su propias metáforas, Alberto Núñez Feijoo (sin tilde, como bien señalan las normas de acentuación) se presenta como alternativa, sobre todo si gana por mayoría absoluta el 25 de septiembre como adelantan las encuestas, incluida la del CIS. Un gesto que no ha pasado desapercibido a los observadores y cronistas es que el político gallego alzó la voz contra la propuesta de la candidatura de Soria al Banco Mundial y, sin pestañear, pidió la cabeza de Rita Barberá. No dudó Feijoo en responder y medir el tiempo con el reloj de arena en la mano derecha y la sintaxis del discurso en la izquierda para terminar en el centro del escenario. Inteligente, perspicaz, con dialéctica y recursos, ya se cruzan las apuestas a la hora de darlo como ganador en la carrera sucesoria. Soraya Sáenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal y Luis de Guindos tienen las cartas marcadas desde hace tiempo, pero su perfil no coincide con lo que el sector del PP más comprometido con los valores europeístas y moderados quiere. A pesar de su poder, cualquiera de estos nombres no tiene la métrica ni la rima para fluir como sílabas inéditas en esta compleja partida. El presidente en funciones de la Xunta ha cultivado la astucia como Hermes. Urbano antes que rural, aunque nació en la aldea orensana de Os Peares, alterna el traje y la corbata con la ropa deportiva dependiendo del contexto. Sus preferencias siempre han estado más cerca del partido demócrata americano que del republicano. Domina la distancia corta y los medios y tan cómodo se encuentra en un plató como en un pueblo hablando con la gente en la calle o en el mercado de abastos: «Querido amigo, ¿cómo está usted?».

La gomina dio paso a un semblante más cercano. Atento a las nuevas tecnologías y a las redes sociales, conoce los secretos de la imagen y ha convertido el PP gallego en una formación que poco o nada tiene que ver con  aquella que creara Manuel Fraga. Siempre ha estado distante de Rajoy, por mucho que su arte del disimulo gracianesco haga pensar lo contrario. Estuvo a punto de marcharse a la empresa privada. La oferta que le hizo su amigo Amancio Ortega para dirigir la fundación de Inditex fue muy tentadora; mas, finalmente, apostó por seguir su carrera política. Prefiere la música de Luis Eduardo Aute y Bruce Springteen y elegiría para pasar unas vacaciones la localidad de Zagora en las montañas del Atlas. Votó al PSOE y a Felipe González en 1982; y está dispuesto a coger el primer tren que pase con dirección a Madrid. Ahora observa a la distancia cómo Chaves, Griñán y Arenas han descendido del Olimpo al Averno al estallar los ERE y delatar Jaume Matas. Feijoo percibe que la noche desciende con pliegues en la frente. Crisis en el PP. Crisis en el PSOE. La nación se solivianta. De una hoguera a otra hoguera. Taula, Púnica, Gürtel, ERE. «…¡Crusoe!, ¡estás ahí! Y tu rostro se ofrece a los signos de la noche, como una invertida palma de la mano», versificó Saint-John Perse. Núñez Feijoo, que va a tener un hijo, sabe que lo mejor que puede hacer un hombre en determinadas circunstancias es estar callado y ver el mar en silencio. Por ello, aprendió de Abraham Lincoln que, al final, lo que importa no son los años, sino la vida de los años.

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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