Qué hacer si un niño se pierde en la playa

Qué hacer si un niño se pierde en la playa

Con la llegada de la época estival, miles de personas acuden a la playa para refrescarse y huir del tremendo calor. Por eso, es habitual que un niño se pierda entre la multitud. A pesar de que centenares de ayuntamientos activan cada verano sus protocolos para niños perdidos, lo cierto es que sigue siendo algo usual.

«Son las 15h de un caluroso día de verano, la familia Sánchez acude como cada día a la playa para disfrutar de una jornada estival; juegos acuáticos, helados y placeres veraniegos se verán súbitamente interrumpidos por un imprevisto: los padres han perdido el contacto con su hijo de 7 años; nervios, tensión y ansiedad dominarán un escenario que se repite a diario en buena parte de las 3.463 playas que actualmente figuran registradas en el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente».  Así comienza Francisco Canals la campaña que ha lanzado en su página web para concienciar de este hecho que, por otro lado, es muy común en las zonas costeras.

Aunque los extraviados, por regla general, aparecen en menos de media hora, el periodista indica que esos 30 minutos son suficientes para que los padres se estresen «imaginando y proyectando los peores escenarios».

Canals señala que cada año, al llegar el verano, el fenómeno del niño perdido se intensifica. El autor del reportaje aporta una serie de datos que reflejan con qué facilidad puede un niño perderse. Y es que «en las playas más grandes pueden llegar a concentrarse más de 4.000 bañistas en menos de 3 kilómetros», explica el periodista. Cada temporada, la Cruz Roja registra  unas 2.500 desapariciones. Sin embargo, la cifra global podría ampliarse a más de 10.000 al año, pues la vigilancia de cada playa recae en distintas organizaciones y entes locales. Además, «en algunas comunidades se pierden hasta 4 niños al día mientras que en zonas de gran afluencia playera como la Costa Brava, la Costa del Sol o la Costa Dorada la cifra supera con facilidad los 10 niños cada 24 horas», añade el reportero.

El protocolo del niño perdido es el procedimiento que activan las autoridades en estos casos. Se trata de recoger en primer lugar todos los datos posibles sobre el menor, como el nombre de sus padres o el hotel en el que están alojados. Posteriormente, se avisa a los padres o familiares a través de la megafonía. Si el niño no aparece en una hora, se procede a informar al 112, aunque en la mayoría de los casos no es necesario llegar a este punto.

Así, Francisco Canals divulga cuáles deberían ser las pautas a seguir en caso de que un niño se pierda en la playa. «Dejar a un familiar junto a la toalla para que el niño le pueda localizar en caso de que logre regresar por sus propios medios; buscar al desaparecido en la dirección del oleaje, ya que los niños con flotadores suelen sufrir el desplazamiento lateral de la corriente y al salir del agua en línea recta están totalmente desorientados; buscar en dirección contraria al viento, ya que los niños buscan el contacto de la brisa contra su cara de manera instintiva, lo cual reduce la ansiedad del momento; llamar a la Policía o a los socorristas más cercanos». Asimismo, también aconseja «hablar con el niño antes de pisar la arena para pactar un punto de encuentro» en caso de que se extravíe. No obstante, lo más importante no es permanecer «pegado al niño», sino no perder el contacto visual en ningún momento.

Y aunque centenares de ayuntamientos intentan impedir que los datos de niños perdidos en las playas aumenten cada año al repartir pulseras con identificación del menor, lo cierto es que están emergiendo otras opciones más tecnológicas. Aplicaciones para tablets y smartphones, geolocalizadores o pulseras con código QR que permiten que cualquier bañista pueda obtener toda la información necesaria para ponerse en contacto con los padres.

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