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TODO SALDRÁ BIEN

España 2015 90 min.

Guión y dirección Jesús Ponce Fotografía David Barrio Calderón Música Juan Cantón Intérpretes Isabel Ampudia, Mercedes Hoyos, Víctor Clavijo, Darío Paso, Juan Carlos Sánchez

Hace unos pocos de años, y antes de pasarse a una televisión en la que apenas ha cosechado éxito reseñable, Jesús Poce dirigió un par de películas cuyo mayor acierto residió en la humanidad con la que retrataba a sus personajes. Una era el drama 15 días contigo y la otra Déjate caer. Desde entonces apenas ha pisado la gran pantalla y su regreso no puede resultar más decepcionante, perdiendo incluso la habilidad para ese retrato al que hacíamos referencia. Flanqueado por sus dos actrices fetiches, Isabel Ampudia y Mercedes Hoyos, pretende construir un drama entre Lorca (esa tierra andaluza anclada en la ignorancia, el patriarcado y un pasado tan negro como las vestimentas de sus pobladoras) y Robert Aldrich (sus dos antagonistas se enfrentan cual Joan Crawford y Bette Davis en ¿Qué fue de Baby Jane?). La mezcla podría haber dado lugar a algo interesante, pero sus posibilidades se diluyen desde el momento en el que todo suena rancio y tópico, empezando por la descarada confrontación entre un mundo urbano egoísta y manipulador, y otro rural resignado y generoso; el eterno dilema entre la franqueza de lo sencillo y la impostura del mundo material, sometido a premisas, diálogos y situaciones tan raquíticas como simplonas. Dos hermanas encerradas en una casa esperando el fatal (o feliz) desenlace de una madre permanentemente moribunda, mientras en el cocktail se van mezclando todo tipo de temas de supuesta actualidad, como la sexualidad, la crisis económica, la pérdida de valores y de derechos y el declive de las tradiciones. Todo muy maniqueo y en manos de un guión rayante más de una vez en el ridículo, y unas interpretaciones tan esforzadas y a veces pasadas de rosca que apenas logran convencer. Chirría hasta su música, una nada original combinación de los experimentos escuchados recientemente en Birdman y Whiplash. Su pretendidamente sorprendente final sólo lo es para quienes no estén muy atentos; quienes no tenemos más remedio que atender lo veíamos venir.