El TSJA ratifica los 15 años y medio de cárcel para uno de los acusados de asesinar a un indigente a pedradas

El TSJA ratifica los 15 años y medio de cárcel para uno de los acusados de asesinar a un indigente a pedradas

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El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha confirmado la condena de 15 años y medio de cárcel impuesta a un joven acusado de asesinar a pedradas a un indigente en Utrera. Tras el veredicto de culpabilidad de un jurado popular, la Audiencia Provincial de Sevilla condenó a Gonzalo D.G. a 15 años y seis meses de cárcel, y a Juan Carlos F.O. a 17 años y medio de prisión, aunque este último no recurrió la sentencia. Además, condenó a ambos a pagar una indemnización de 27.000 euros a la familia de la víctima.

Los hechos ocurrieron en junio de 2013, junto al camino del Zárate, concretamente en una casetilla de bombeo donde estaba la víctima, conocida como «el chatarrero». Una vez en dicho paraje, Juan Carlos comenzó a golpear con piedras y palos a la víctima mientras el otro acusado le alumbraba con una linterna al carecer el lugar de luz, al tiempo que vigilaba. El hombre murió a consecuencia de un traumatismo abdominal cerrado que le causó una peritonitis postraumática y una hemorragia por desgarro interno, consecuencia de los golpes recibidos que le provocaron la fractura de seis costillas y la pérdida de tres piezas dentales.

Sede del TSJA

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En la sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press, la sala de lo civil y penal del TSJA rechaza el recurso interpuesto por la defensa de Gonzalo, quien alegó que no existe ninguna prueba directa sobre su presencia en el lugar y momento de los hechos, y que su condena se basa en meras sospechas que no alcanzan la condición de indicios. En este sentido, el Tribunal admite que «es cierto que no existe ninguna prueba directa de tal presencia», pues el otro acusado dijo haber acudido solo al lugar de los hechos y nadie pudo identificar al recurrente en el mismo, pero en este sentido recuerda todos los indicios con los que contó la Audiencia para condenar al imputado.

Así, señala que es hecho probado que, contra lo manifestado por el otro acusado en su declaración, en el lugar y momento de la agresión a la víctima «estaban presentes al menos dos personas», lo cual resulta probado por la declaración de un testigo que aseguró haber oído a la víctima gritar «iros de aquí, que me vais a matar». Además, este testigo aseguró que, al acercarse al lugar un coche de la Guardia Civil, a la que él mismo había avisado al oír los ruidos de la pelea, escuchó a una de las personas decir «vámonos, que viene un coche». «Basta con esta testifical, creída por el jurado, para dar por probado» que el principal acusado «mintió al decir que nadie le acompañaba, lo que por otra parte revela una intención de ‘proteger’ a una persona que debería ser cercana», asevera el TSJA.

En segundo lugar, y sobre la identidad de esa segunda persona, «constituye un indicio muy relevante» la declaración de la madre de Juan Carlos, quien afirmó haber visto a las 4.00 horas al recurrente junto con su hijo en el portal de su casa, por lo que «si se tiene en cuenta que el testigo llamó a la Guardia Civil a las 3.40 horas, que a las 3.47 horas volvió a llamar para decir que habían huido al ver llegar a un vehículo policial, y que a las 4.22 horas» Juan Carlos F.O. se personó en el cuartel para denunciar el robo de su moto, «es una conclusión absolutamente razonable que Gonzalo era la persona que lo acompañaba».

En base a estos y otros indicios, el TSJA concluye que «puede entenderse acreditado que fue Gonzalo quien acompañó a Juan Carlos al lugar de los hechos, quien sostuvo la linterna mientras éste agredía a la víctima, y quien avisó de que llegaba un vehículo».

El acusado también recurrió al entender que los hechos probados no admiten la calificación de coautor por cooperación necesaria, sino que todo lo más justificarían una condena por complicidad, ya que «no ejecutó materialmente la agresión, sino que se limitó a sujetar la linterna y a vigilar, conductas que serían accesorias, favorecedoras de la conducta del autor pero no necesarias para la misma». Frente a ello, el TSJA califica el hecho como una agresión conjunta efectuada por dos personas, «por más que los hechos materiales causantes de la muerte hayan sido realizados sólo por uno de ellos, y no simplemente de una colaboración externa, periférica y prescindible en el designio criminal de otra persona», ya que «existió una unidad de acción entre ambos» y por ello «estaríamos en presencia de una coautoría y no de una cooperación necesaria ni tampoco de una complicidad».

Por último, el acusado también recurrió la calificación de los hechos como asesinato al entender que en la agresión no concurrió la circunstancia de alevosía, lo que rechaza el TSJA porque «hubo superioridad numérica (siendo irrelevante a tal efecto que no hubiera sido precisa la intervención de uno de ellos), a lo que debe añadirse la complexión física de la víctima como persona ‘deteriorada físicamente’». Además, «hubo un consciente aprovechamiento de las condiciones del lugar y hora, especialmente hábiles para asegurar la ejecución de los hechos en condiciones que impedían cualquier defensa efectiva que pudiera provenir de la víctima», a lo que se suma que «también cabe apreciar una superioridad medial, pues los agresores utilizaron una linterna y emplearon como arma algún palo y piedras voluminosas, de inequívoca potencialidad letal y frente a las que apenas cabe defensa posible, en el contexto en que se produjo la agresión».

«No tiene relevancia el hecho de que los agresores acudiesen en moto y que, por tanto, su presencia pudiera ser advertida», ya que «la modalidad de alevosía apreciada no es la sorpresiva, sino la de prevalimiento de una situación objetiva de indefensión», y «tampoco tiene relevancia que los agresores hubiesen dejado viva a la víctima (falleció más de 24 horas después), porque la alevosía no exige un aseguramiento del resultado, sino de la ejecución».

Para finalizar, el TSJA asevera que «el hecho de que no se apreciasen signos de defensa en el cuerpo de la víctima, según resultó de la prueba pericial, viene a ser una corroboración de la existencia de alevosía».

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