Del Bosque y Rajoy

Las encuestas no acertaron. El error fue como aquellos teoremas que no acababan de resolverse. Cuando las campanadas dieron las ocho de la tarde del veintiséis de junio, los sondeos a pie de urna perseveraban en el yerro. A la baja, el PP. Al alza, Unidos Podemos. Al terminar el recuento, el Partido Popular llegó al 32.03%, con  137 escaños y la formación morada de don Pablo Iglesias no cumplió las expectativas creadas; bajó al 21.10%. Contra todos los pronósticos, el PSOE se mantuvo en segundo lugar, aun perdiendo representación. Ya decíamos que, antes del alba, nada se sabe y menos aún sobre si el «sorpasso» podía ser realidad o ficción. Ciudadanos pasó de sumar a restar, lo que se concretó en ocho escaños menos. De la alegría al desconsuelo hay la misma distancia que de las horas primeras de la madrugada a esos instantes en los cuales los gallos anuncian el día en los campos del mundo. Ahora, vienen otra vez la negociación, la entrevista, el diálogo, abierto o en «off», según las situaciones, el debate sobre unos perfiles u otros de gobierno, el poema que nunca se escribió, el capítulo que no se cerró, el epílogo que tanto se parece al prólogo, las sílabas que hacen falta para llegar al número exacto, aquella página y esta otra, la métrica que se pierde mar adentro… Los horizontes de la infinitud… El lenguaje de las palabras antiguas… El reloj de la media noche…

Se va Vicente del Bosque. Joaquín Caparrós es el nombre que más suena para sustituirlo. La alegría del mundial y de la eurocopa permanecen y desafían con luz celeste el olvido; mas el cambio ya no puede aplazarse. El tiqui-taca ni siquiera fue contra Italia el sueño de una metáfora inaccesible y herida. Las declaraciones del seleccionador tienen la misma rima que una despedida que se anuncia fuera de tiempo. Proustiano. Tal vez borgeano. Probablemente azoriniano. O quizá como en el realismo de Charles Dickens, Honoré de Balzac, Henry Fielding, Fedor Dostoievski y Nicolai Gogol. Alguna vez, bebimos, sorbo a sorbo, obras tan universales, nacidas como linajes en aquel otro despertar que depara el ciclo de todo lo que ha sido. Pero las preguntas no pueden contestarlas en su épico destino Jimmy Breslin, Gay Talese, Hunter S. Thompson, Joan Didion, John Sack y Michael Herr. O Tom Wolfe, con su traje de color hueso, la camisa azul celeste, la corbata blanca con lunares negros, el sombrero azul oscuro con cinta blanca, el pañuelo en la solapa, los zapatos a juego y el bastón. Tampoco nosotros mismos. ¿Se queda don Mariano pase lo que pase; acontezca lo que acontezca? Albert declara  que los nombres ya no son tan importantes. Susana Díaz y Guillermo Fernández Vara son partidarios de dejar gobernar al PP. Leamos mientras tanto y recitemos poemas de León Felipe para que nos hagan ver que la esperanza es un latido del corazón; un camino que se pierde en la infinita arena con su inagotable imagen velazqueña.

Unas terceras elecciones constituirían un dislate. La nación necesita el consenso y el acuerdo. El diálogo con su esencia literaria, metafísica y aristotélica como en «El Quijote». «Se dará tiempo al tiempo, que suele dar dulce salida a muchas amargas dificultades», caligrafía Cervantes en «La gitanilla» para seguir soñando cosas que son ciertas cuando se acerca la hora de un día que todo lo imagina. «Pretendía escribir esta semana el obituario de Mariano Rajoy, pero será él quien escriba el mío y el de todos aquellos que creemos que un país que se precie no debería tenerle de presidente. Los ciudadanos, que siempre tienen razón, incluso cuando no la tienen, le han absuelto de todos sus pecados», ha escrito Fernando Baeta con la sintaxis que surge de una ironía figurada en el hipérbaton de la noche oscura de una sinestesia, que se atreve a desafiar los límites de su propia semántica. Eso es don Mariano: el estado zen, la calma y la serenidad budista en nombre de una apariencia que no sabremos nunca como es en el subconsciente freudiano. Aunque no ponga cara de yogui, este señor de Pontevedra parece como si hubiera llegado a los momentos que preceden al nirvana, sin pasar por las etapas anteriores. Con la que le ha caído y le sigue cayendo, o Rajoy inhala y exhala en permanente ejercicio de meditación o se ha disfrazado de monje y no es Rajoy.

La medida de los tiempos es una filosofía que parece a veces la prosa de Stendhal y otras la poesía de Neruda. Pero entre la una y la otra, la vida no es un sueño, mas puede llegar a serlo, como escribió Novalis. Que se lo pregunten si no a don Mariano, transfigurado en lama.

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *