Iglesias y Rivera, de nuevo

No estaba jugando mal España, pero el tiempo se asomaba a su finitud y el cero a cero era un verso roto. Llega el minuto ochenta y seis. Iniesta recoge un balón al borde del área y lo centra con el toque propio de los dioses del fútbol como Di Stéfano, Pelé o Maradona. El esférico toca el cielo de un poema borgeano con su perfecta geometría. Piqué capta el movimiento y salta como un atleta griego en el alba de la antigua Atenas. Se eleva como los héroes olímpicos y gira con una fuerza que narra la metafísica de la leyenda. ¡Gol! ¡Gool! ¡Gol! Cech, imbatible hasta ese momento, se pierde en el infinito mundo que hay al fondo de la red. Desorientado. Incrédulo. Desolado. Vencido, cuando se creía invencible. Marcó el defensa central catalán. Ganó España. El debate a cuatro, organizado por la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión, también transcurría sin grandes sorpresas, con Rajoy dando cifras como respuestas, Sánchez ensayando el contraataque, Rivera buscando su sitio a un lado y otro e Iglesias situando su prosa en la inmensidad del plató. Marcaje y control de las jugadas dialécticas en las que la brillante oratoria ciceroniana no existía. No había metáforas, ni símiles, ni metonimias, ni alegorías, ni apóstrofes, ni personificaciones. Era un discurso repetido en su inconstante sombra.

Los segundos y los minutos consumían aliteraciones y anáforas, mas la semántica de las hipérboles gongorinas no relucía en la estética de discursos como los de Niceto Alcalá-Zamora o Manuel Azaña en los tiempos de la Segunda República. Los atriles comenzaban a conformarse con equívocos sin técnica ni altura literaria y el semblante del espectador se asemejaba cada vez al de un partido de la liga Adelante. El reloj marca la hora en punto del bloque de la corrupción y fue en ese ciclo cuando Albert Rivera, con el ingenio de los grandes talentos del deporte rey, mostró sus habilidades en la corta distancia. Con cintura y decisión, sorprendió a don Mariano y a don Pablo y se adelantó a don Pedro. A los tres, por una u otra circunstancia, los dejó en evidencia. Con el arte de los delanteros, que no son altos ni arietes, jugó el balón dialéctico en el área pequeña, dribló y dejó a las defensas contrarias sin saber a dónde acudir para despejar esos lanzamientos onomatopéyicos que iban directamente al fondo de la portería. No se puede decir que el debate acabara en esos momentos; mas los argumentos rajoyanos quedaron ya seriamente cuestionados por la sistematización de una dialéctica kennedyana, que, implacable, retumbaba. Es como si el líder de Ciudadanos hubiera escrito en un folio en blanco las conclusiones del libro «No pienses en un elefante. Lenguaje y debate político» de George Lakoff para regenerar la política española. El joven dirigente se decidió a convertir en alegoría aquellas proverbiales palabras de Mahatma Gandhi: «Mucha gente, especialmente la ignorante, desea castigarte por decir la verdad, por ser correcto, por ser tú. Nunca te disculpes por ser correcto, o por estar años por delante de tu tiempo. Si estás en lo cierto y lo sabes, que hable tu razón. Incluso si eres una minoría de uno solo, la verdad sigue siendo la verdad». Y lo hizo con la serenidad del naranja, el color del budismo, de la calma, del mantra y de la meditación. Hubo minutos de oro cuando parecían perdidos entre Stendhal y Proust.

La nueva política emerge de nuevo como una sinestesia a orillas del Mediterráneo en una dulce noche de junio. Podemos y Ciudadanos amenazan de nuevo la hegemonía de PP y PSOE. El color morado acaricia el viento a favor y prepara sus naves para navegar en alta mar caligrafiando las interrogaciones retóricas en una página distinta. La reciente encuesta de El Periódico manifiesta que Unidos Podemos sigue subiendo, se sitúa a poco más tres puntos de distancia del PP y supera a los socialistas. De acuerdo con este sondeo, el Partido Popular gana con el 28%: cuatro décimas menos que el 20D, el grupo de Iglesias obtiene el 24,9%, el PSOE pierde ocho décimas y Ciudadanos sube más de un punto. Esta es la situación y este el contexto en su escritura original. La derecha, ajena al mensaje, se refugia en sueños que nada tienen que ver con la realidad. Mariano Rajoy Brey, el lector de Marca, está jugando la partida solo con la carta de la economía. Y todos sabemos que, para ganar estas elecciones por mayoría, se necesita saltar con la métrica hermosa de Piqué. La política sin literatura parece indescifrada y sola. En la vida de una tarde hay sílabas rotas y onomatopeyas, entre puntos suspensivos. Interroguemos a las respuestas para saber lo que quieren. Sin que ellas mismas lo sepan.

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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