De Salvados a la Academia de Televisión

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No me decepcionó el programa Salvados del domingo en la Sexta. Pero a Iglesias y Rivera estuvieron como Ronaldo y Bale en la final de Milán: sin «dribling» y sin verticalidad. ¿Fue imparcial Jordi Évole? ¿El resultado final? ¿Victoria mínima de Iglesias? ¿Quizá de Rivera? Todo es subjetivo; como las metáforas de las veinticuatro horas y de la vida misma. ¿Dónde quedaron la rebeldía con causa, o sin ella, la cultura, la contracultura, los poemas de Baudelaire, Verlaine, Rimbaud o Mallarmé, las vanguardias, el «jazz», el «rock» instrumental, canciones de los Beatles, los Rollings o Patti Smith; la otra política y el otro periodismo? Fue como un combate, donde los dos salieron a no perder, más que a ganar. Nunca nos recordaron a Joe Louis, a Sugar Ray Robinson, a Jack Johnson o a Mike Tyson. Y, menos aún, a Muhammad Ali. Los golpes dialécticos entre los líderes de Podemos y Ciudadanos no tuvieron la literatura épica que los que intercambió el mejor boxeador de la historia con Joe Frasier, George Foreman, Ken Norton, Leon Spinks o Big George Foreman.

¿Supieron Pablo y Albert aplicar a la dialéctica el estilo del «jab», «cross», «direct», «uppercut», «swing», «hook»? En la puerta de entrada a la pregunta está desierta la voz de la respuesta. No hubo duelo, ni hipérbole, ni leyenda, ni sapiencia para interpretar las claves. La pegada, atlética y hermosa como una metonimia recién nacida, se quedó en el vestuario de la antología. Ninguno aspiró a la corona. No hubo KO. Évole puso en escena su inteligencia, su destreza, su humor, su palabra, su musicalidad, su teatralidad brechtiana. Pero tampoco llegó a la última página con el misterio transformado en un juez de categoría. Se percibe que Jordi no ha leído la prosa homérica de «Aquella edad de oro de los sesenta y setenta» del prodigioso Manuel Alcántara. Los tres se fueron sin haber convencido. Nadie sentenció. Y las lexías se alejaron por el camino que habían elegido. Ni siquiera existió la analepsis de Gary Cooper en «Solo ante el peligro» o de James Stewart en «El hombre que mató a Liberty Valance».


La invitación de Demos, la asociación de estudiantes de la Universidad Carlos III de Madrid, presidida por María Ruiz, cordobesa y estudiante de Ciencias Políticas, fue preterida, finalmente, por la derecha y por la izquierda. Que debates con tanta altura de miras no se celebren por incomparecencia de los dirigentes de PP, PSOE, Podemos y  Ciudadanos es un indicio de que nuestra democracia es imperfecta. «Si tú no vas, yo tampoco…». «Triste la lluvia/ que sobre el mármol cae,/ triste ser tierra. Triste no ser los días/ del hombre, el sueño, el alba». Ahora, don Mariano, hecha añicos la democracia interna en su partido, presume de que es un hombre cercano, afable y hasta afectuoso. Para demostrarlo estará en «El hormiguero». «En la tuya o en la mía». «¡Qué tiempo tan feliz!». «Quiero gobernar». «Herrera en la Cope». «Dos días y una noche». Sí, a Bertín, a María Teresa Campos, a Ana Rosa Quintana, a Herrera, a Susanna Griso. Sí, a Carlos Alsina y a Motos. Y, por supuesto, a doña Ana Blanco. Dar la negativa a Demos fue un puñetazo en el hígado. Así, la democracia, tendrá la mismas letras, pero sin etimología, sin el significado que surge del esplendor de un étimo que es la historia proustiana que busca el tiempo perdido como si fuera «el río hecho de tiempo y agua».

Comienza otro «round». Un golpe maestro y un hipérbaton que se pierden en las cuatro esquinas de la calle. El árbitro cuenta hasta diez. «Un vestuario es un panteón, el otro es una verbena». Las encuestas no son teoremas. ¿«Sorpasso»? Metroscopia y el CIS lo vaticinan. Mas antes del alba, nada se sabe. «Ali es orgullo de una raza más amplia: la de los hombres libres» escribe Jorge Bustos en su infinito artículo. En la Academia de Televisión estarán el lunes 13 don Mariano, don Pedro, don Pablo y don Albert. TVE, Atresmedia y Mediaset. Ana Blanco, Vicente Vallés y Pedro Piqueras. ¿Una dialéctica que busca el voto indeciso en un «ring» ficticio? Por las sinestesias del cuadrilátero los bisílabos se miran y se observan. Desde el primer tañido de campana. ¿Quién ganará? ¿El pegador? ¿El fijador? ¿El estilista? Los cuatro tienen pegada. Están curtidos y contragolpean. Rajoy recurrirá de un modo distinto al «rope-a-dope». Pero Sánchez, Iglesias y Rivera, si son creativos, pueden dar golpes demoledores que saquen chispas. El relato del genial Talese caligrafía la magia y la elegancia del mejor atleta del siglo XX: Muhammad Ali. Un peso pesado que se movía como un pluma. «Float like a butterfly, sting like a bee». Don Mariano y don Pedro se la juegan.

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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