María Luisa Peña Gutiérrez, las manos que cuidan a la Virgen de Consolación

María Luisa Peña Gutiérrez, las manos que cuidan a la Virgen de Consolación

El mes de mayo siempre tiene un sabor especial para la utrerana María Luisa Peña Gutiérrez que, desde hace 24 años, tiene el honor de ser una de las camareras de la Virgen de la Consolación, junto a las Hermanas de la Cruz, que ostentan el título de camareras honorarias perpetuas. La salida de la patrona, que tiene lugar cada 1 de mayo, obviamente genera más actividad, en unos días en los que ajetreo no se detiene en el santuario.

«A mí realmente no me gusta que la Virgen se mueva del santuario si no es por algo excepcional. Por ejemplo, me gustó mucho el rosario extraordinario del 8 de septiembre de 2014 y también recuerdo con mucho cariño en los años 50 las misiones, cuando la Virgen procesionaba por las calles de Utrera arropada por miles de personas», cuenta esta querida utrerana.

María Luisa nació y se crió en la calle Rodrigo Caro, en la espléndida casa señorial que actualmente ocupan las instalaciones de la Casa de la Cultura, la antigua casa palacio de los Marqueses de Tous, que era propiedad de la familia de María Luisa. Dentro de estos muros tuvieron lugar actos tan importantes en la vida de esta utrerana como su primera comunión o su pedida de mano. «La verdad es que cuando actualmente entro en la Casa de la Cultura para cualquier acto, tengo la sensación de que sigo entrando en mi casa, es muy bonito que esta casa se haya podido quedar para el disfrute de todo el pueblo», explica María Luisa.

Esta casa fue también fundamental para los primeros años de la hermandad de los Aceituneros, de la que el padre de María Luisa, Isidoro Peña, fue uno de los fundadores. Allí se guardaban muchos de los enseres, y allí incluso se repartían las túnicas para los nazarenos.

El colegio Sagrada Familia, ubicado en la calle Virgen de Consolación, fue muy importante en la vida de esta utrerana, ya que su propia madre fue una de las fundadoras y ella formó parte de las primeras promociones. «Yo fui el angelito que le entregó las llaves del colegio en el acto de inauguración al cardenal Bueno Monreal», explica entre risas la utrerana. Después de estos inicios en el colegio en Utrera, también estuvo dos años en Las Irlandesas en Castilleja de la Cuesta.

La familia también ha sido propietaria de una ganadería de reses bravas, de ahí también la gran afición taurina que mantienen en la actualidad algunos de sus hijos, como es el caso del diestro Alberto de la Peña. Por otra parte, otro de sus hijos, Eduardo, es un enamorado de la historia, ha investigado hondamente sobre la historia de Utrera, es actual director de la revista Vía Marciala y ha publicado varios libros. «Es curioso porque, en la época en la que teníamos la ganadería, Eduardo era el que más aficionado a los toros, Alberto era todavía muy pequeño», cuenta María Luisa.

Al invitar a esta simpática utrerana, de agradable conversación, a recordar los años de su infancia y lo que más echa de menos de la Utrera de aquella época, asegura que «a pesar de que nos criamos en la postguerra, echo de menos la Utrera de aquellos tiempos, que era más alegre, nos conocíamos todos y había mucha alegría en la plaza y en sitios como la Vía Marciala».

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