El jubileo de los adolescentes reúne en Consolación a 600 jóvenes de toda la diócesis

El jubileo de los adolescentes reúne en Consolación a 600 jóvenes de toda la diócesis

El santuario de Consolación ha acogido un acto convocado a nivel diocesano, que ha congregado a unos 600 jóvenes. Todos ellos han participado en el jubileo de los adolescentes.

La lluvia impidió la peregrinación andando desde el colegio salesiano, por lo que los asistentes llegaron directamente al templo que preside la patrona de Utrera. Todos los chavales forman parte de los grupos de confirmación, a partir de 1º de ESO.

Las delegaciones diocesanas de Catequesis y de Pastoral Vocacional organizaron esta actividad en la que se formaron 14 grupos, junto a seminaristas identificados con una cruz y una obra de misericordia. De forma ordenada fueron atravesando la «puerta santa» y entrando en el santuario, donde se hizo una oración inicial preparada por el seminario menor. En ese momento, uno de los seminaristas, Álvaro Bernáldez, de 4º de ESO, compartió el testimonio de su vocación.

A continuación, los grupos se repartieron por distintas zonas del templo para tener unas catequesis sobre las obras de misericordia, preparadas por los seminaristas mayores. Paralelamente, había sacerdotes dispuestos a confesar a todos los que quisieron acercarse al sacramento de la reconciliación.

La última parte de la jornada llegó con la celebración de la eucaristía, que presidió el arzobispo, Juan José Asenjo, y concelebrada por un buen número de sacerdotes, entre lo que estaban vicario episcopal para la zona este, Diego Pérez; el rector del santuario, Joaquín Reina; el delegado de catequesis, Manuel Sánchez; y el rector del seminario, Antero Pascual. Estuvo animada por el coro del colegio «El Divino Salvador» (Salesianas) de Utrera. Asenjo recordó a los jóvenes el significado de la indulgencia plenaria y del jubileo, al tiempo que los animó a ser apóstoles de Cristo en los ambientes donde viven, dando testimonio de su fe. También les planteó la importancia de la pregunta «qué quiere Dios para ellos en sus vidas», y habló especialmente de la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada. Por último, hizo hincapié en el amor a la Virgen, que «no es algo accidental en la vida del cristiano, pues para ser verdaderamente cristianos hemos de ser profundamente marianos». Los jóvenes se despidieron cantándole a la Virgen de Consolación.

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