Jueves Santo de esplendor y Madrugá histórica en La Vereda (GALERÍAS Y AUDIOS)

Jueves Santo de esplendor y Madrugá histórica en La Vereda (GALERÍAS Y AUDIOS)

La Semana Santa continúa regalando a los cofrades momentos especiales, cuajados de detalles y estampas que ya forman parte de la historia de Utrera. El Jueves Santo se desarrolló con el máximo esplendor que requiere esta jornada, enlazando directamente con una Madrugá cargada de instantes con sabor a otros tiempos.

Tras las visitas a los monumentos instalados en las iglesias y la participación en los oficios, la tarde comenzaba con la mirada puesta en la calle Cristo de los Afligidos. O, más bien, en torno al Arco de la Villa, donde un año más se obró la proeza que supone pasar las dos andas procesionales de la hermandad por esta antigua puerta de entrada a la ciudad.

Numerosas personas se dieron cita en las inmediaciones de este rincón utrerano para contemplar al crucificado semienterrado en el monte de claveles del paso y, especialmente, para ver la complicada maniobra que permite, con la parihuela casi rozando el suelo, llevar a la Virgen de los Desamparados al casco histórico del municipio. El rezo de las Hermanas de la Cruz y el canto de las saetas en este enclave marcan el inicio de una larga jornada que va dejando instantes muy diferentes en distintos enclaves de Utrera.

Los antifaces celestes de la corporación trinitaria, ya por el centro de la localidad, se mezclaron con el ruan negro de los nazarenos pertenecientes a la hermandad del Silencio. Este desfile procesional llega cada año cargado de sonidos: el rachear de las zapatillas de los costaleros, el roce de las cadenas que portan los penitentes en sus tobillos al caminar por las calles de Utrera, el tintineo de los incensarios que adornan las esquinas del paso del Redentor Cautivo,…

Cada instante de esta corporación permite saborear una jornada donde los contrates marcan el discurrir del Jueves Santo en Utrera. Y es que, la misma parroquia de Santiago el Mayor de la que sale a la calle la cofradía de silencio poco después se llena de la algarabía que traen consigo los Gitanos cada Madrugá. Como siempre, una multitud de personas se dio cita a las puertas del templo para contemplar la salida de esta hermandad que, junto a los cantes que se sucedieron en varios rincones del itinerario, trajo consigo también un reencuentro histórico.

Tras casi dos décadas sin pasar por la avenida San Juan Bosco, la cofradía regresó a ese lugar donde tienen su sede canónica las hermandades de Jesús Nazareno y de los Estudiantes. Coincidiendo con su sexagésimo aniversario fundacional, la corporación de la Madrugá quiso recuperar su tránsito por este lugar donde las miradas se centraron especialmente en el paso de la Virgen de la Esperanza, que llegó a entrar por completo en la capilla de San Bartolomé –para saludar a Jesús Nazareno y a la Virgen de las Angustias- y en la basílica de María Auxiliadora –donde los pasos del Cristo del Amor y de la Virgen de las Veredas- habían sido acercados hasta la misma puerta del templo-.

El fucsia y el naranja fueron los colores que este año marcaron el siempre esperado exorno floral del paso de palio, que estuvo  compuesto por fresias, rosas, gloriosas, calas, claveles chinos, aves del paraíso, hierbabuena y minoclaudio. En cuanto al paso del Cristo de la Buena Muerte, pudo contemplarse un monte de claveles morados, así como varias rosas rojas.

El compás de la hermandad de los Gitanos puso el broche a una jornada cargada de esplendor y con momentos que ya forman parte de la memoria colectiva de los utreranos.

 

Trinidad

 

Silencio

 

Gitanos

 

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