Un ecuador de la Semana Santa con sabor a Domingo de Ramos (GALERÍA Y AUDIO)

Un ecuador de la Semana Santa con sabor a Domingo de Ramos (GALERÍA Y AUDIO)

Ha sido necesario alcanzar su ecuador pero por fin Utrera huele a Semana Santa. Tras un aciago Domingo de Ramos, y después de un Lunes Santo y Martes Santo inexistentes, la meteorología ha comenzado a respetar una de las mayores fiestas de la ciudad.

Los Aceituneros, que parecen tener un pacto histórico con la lluvia, han podido realizar su estación de penitencia sin necesidad de estar pendientes de nubes o previsiones negativas. Con el entusiasmo de quien sabe que nada impedirá procesionar, a las siete en punto de la tarde se abrían las puertas de la parroquia de Santa María de la Mesa. Desde ese instante, el color blanco comenzó a marcar el itinerario que recorre esta cofradía cada Miércoles Santo.

El sol no quiso ponerse hasta que el Señor Atado a la Columna saliera al porche de Santa María. En ese momento podía contemplarse en la calle la imponente imagen de este Cristo maniatado tras ser restaurado en los talleres de Pedro Manzano.

Tras Él, su Madre de la Paz llegaba para que nunca se olvide la importancia de este preciado bien. De hecho, en un cirio de la candelería podía observarse una bandera belga con un crespón negro, en memoria de los fallecidos durante los atentados que el pasado martes sacudieron la capital europea. Con un guiño al Año de la Misericordia y el ruego de «paz en el mundo» en sendas velas, la Virgen recorrió con esplendor Utrera hasta bien pasada la medianoche.

Alcanzando el final de la estación de penitencia, llegaba uno de los momentos más esperados por la cofradía cada Miércoles Santo. La calle Rodrigo Caro y el porche de Santa María se quedaron pequeños ante la importante cantidad de personas que se dieron cita para acompañar a los titulares de la hermandad en el tramo final de su recorrido. Tras la espléndida subida de dicha calle, con una única chicotá por parte de la cuadrilla del paso de Cristo, las miradas buscaban la llegada de la Virgen de la Paz. Su presencia revolucionó los sentimientos de los fieles que allí se dieron cita quienes, entre vítores y vivas a esta imagen, y el canto del «Ave María» que forma parte de la marcha «Encarnación coronada», pudieron contemplar una gran petalada que cubrió el techo del palio.

Era el colofón a un Miércoles Santo espléndido que, más que a ecuador de la Semana Santa, supo a Domingo de Ramos.

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