Fracasó la investidura, triunfó el pacto

Ha comenzado el día. A las seis de la mañana las metáforas todavía permanecen en la rima de la noche anterior y las sinestesias cavilan sobre los minutos que la madrugada roba a la tarde. Las ediciones digitales, que conviven en armonía con el papel, prestan la sintaxis a los titulares y el debate de investidura ha sido prólogo y epílogo en su incalculable laberinto. El Partido Popular y Podemos se lanzaron en plancha, como los antiguos delanteros centros, sobre la portería de Ciudadanos, con la intención de cuestionar la línea seguida por el partido naranja en su pacto con Pedro Sánchez. Pero les faltó el estilo de Zarra, el ariete de la furia, y la elegancia de Garate, el ingeniero del área. Ello demuestra que el centro político es el exacto teorema de las distancias y el equilibrio necesario para mantenerlas en su justo término. Los populares parecen olvidar que, si gobiernan en la Comunidad de Madrid y en importantes ayuntamientos, es gracias al apoyo del partido emergente. «Las noches y los mares nos apartan, (…), pero nos une indescifrablemente el misterioso amor de las palabras», alcanzamos a escuchar en el hondo azul y verde del paisaje, que, a veces, divisamos en la infinita perspectiva que parece resurgir de la magia.
En el PP comienzan a hilvanarse tendencias y, por primera vez, se plantea en voz alta la necesidad de un cambio en el liderazgo. La ambiciosa vicepresidenta del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, mueve sus piezas y los «sorayos» hacen su propia campaña. Pero los demás aspirantes también dejan ver sus ambiciones. Así, Catalina Cifuentes, Alberto Núñez Feijoo, Pablo Casado y la discreta Ana Pastor. ¿Saltará la sorpresa? Los tiempos que marque el reloj de la Puerta del Sol serán fieles intérpretes del futuro. Los silencios van y vienen, callan y otorgan… Cualquier movimiento en falso puede hacer que las expectativas se diluyan. Por eso, los candidatos a la sucesión tienen en la mesita de noche «El criticón» de Baltasar Gracián y lo leen mirando al espejo de la memoria como se contempla el amanecer cuando los heptasílabos no necesitan sinalefa. «Lo que allí vieron, lo mucho que lograron, quien quisiere saberlo y experimentarlo, tome el rumbo de la virtud insigne, del valor heroico y llegará a parar al teatro de la fama, al trono de la estimación y al centro de la inmortalidad», concluye la obra con la puerta giratoria del tiempo en su sufrida agonía y el eterno atardecer convertido en adjetivo. Sin embargo, Rajoy resucitó en el debate y recordó, en algunos momentos, sus mejores destrezas como parlamentario, mas el peso de la corrupción y lo sucedido en Madrid y Valencia impidieron que se pareciera a Cicerón. El arte de la oratoria quiso modificarlo, con brillantez, Pablo Iglesias, aun cuando la referencia a Maquiavelo fuera un enunciado esotérico para socavar los cimientos del pacto entre el Partido Socialista y Ciudadanos. Iremos, una vez más, a la biblioteca para consultar aquel manuscrito que anticipa «El príncipe» y buscaremos en Iberlibro las ediciones que tampoco hallamos en los anaqueles de la cuesta Moyano. «No puedo expresar con qué amor sería recibido en todas estas provincias que sufrieron tanto con la inundación de los extranjeros. ¡Con qué sed de venganza, con qué inalterable fidelidad, con qué piedad y lágrimas sería acogido y seguido! ¡Ah! ¿Qué puertas podrían cerrársele? ¿Qué pueblos podrían negarle la obediencia? ¿Qué celos podrían manifestarse contra él?».
¿Traspasará la caligrafía del pacto entre las dos formaciones reseñadas la frontera que PP y Podemos han trazado con letra distinta? No dejemos abandonado el silencio en el olvido. Corrijamos los párrafos, pongamos las comas y los puntos en el lugar que les corresponden y hagamos ejercicios de semántica para que las construcciones tengan sentido. Un acuerdo contra la corrupción y a favor de la regeneración siempre debe tener métrica propia. A lo largo de los días, los caracteres con espacios nos contarán la historia real. Si hay nuevas elecciones, la sapiencia nos dirá quién es quién. Porque, quizá, nos dé tiempo a conocer la verdad de las anáforas, de las epanadiplosis y de las analepsis. En la antigua página, no se puede tejer el mismo texto. Esta lección la sabe Rajoy. Pero, también, Sánchez, Iglesias y Rivera. E incluso Zidane, después de perder con el Atleti. «En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven». Fracasó la investidura; triunfó el pacto. El lenguaje puede simular o ignorar la sabiduría, mas nunca las similicadencias, las paranomasias y las interrogaciones retóricas. ¡Para las emociones fuertes quedan las exclamaciones! «Hipster» y lo «vintage». Alguna vez, sentimos nostalgia. Ahora, la realidad es otra cuando queremos dar nombre a las cosas.

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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