¿Ha leído Bertín Osborne a Oriana Fallaci?

Doblan las campanas de la madrugada. No hay ningún local abierto para oír la infinita música del «jazz». La noche ha sido larga en su cadencia. Entre las cinco y las seis, hay fragmentos de luz que se intercambian. El alba enciende el día entre una y otra mitad del mundo real. Sale el sol y vuelve la mañana. El 20-D se aproxima. El trayecto se hace corto cuando vemos el calendario de 2015 en su último tramo. Rajoy se convierte en periodista deportivo en «Tiempo de juego». La colleja a su hijo Juan tiene puntos de vista varios. Albert Rivera y Pablo Iglesias debaten en la Universidad Carlos III atendiendo la petición de la asociación Demos, presidida por la cordobesa María Ruiz, estudiante de quinto de Derecho y Ciencias Políticas. El bipartidismo dejó vacíos sus atriles. Pedro Sánchez se presentó en «En la mía y en la tuya» de Bertín Osborne y narró sus aventuras antes de conocer a Begoña. Las preguntas connotativas están ausentes. La política y la bibliografía se muerden la lengua en el cielo de la 1, tan ajena a las circunstancias exactas y las armonías que surgen cuando la palabra periodismo se pronuncia en los momentos que tanto esperamos. Las interrogaciones no se desvanecen: ¿Ha leído Bertín Osborne «Entrevista con la historia» de Oriana Fallaci? ¿Y el «Arte de la entrevista» de Lawrence Crobel? La respuesta no tiene que ser extensa, ni meditada. Es suficiente con que camine por la sintaxis elemental y se deslice en línea recta para instalarse como «trending topic». «Sálvame» de Jorge Luis Vázquez en TeleCinco y «La tarde aquí y ahora» de Juan y Medio en Canal Sur ya existían. ¿Son referente y ejemplo para Bertín la entrevista de Grobel a Truman Capote, la de Studs Terkel a Bob Dylan y la de Larry King a Carlos Slim? Los caminos distintos no convergen.
La lluvia no hace ruido cuando nos sentimos extraños a nosotros mismos y, de pronto, nos damos cuenta de que nos envuelve la indiferencia. El principio de olvido está muy cerca del mar. Miramos a nuestro alrededor y ahí lo tenemos como oro de metáfora en su prodigiosa Ítaca. El horizonte fluctúa y nos vuelve a la vida para sentir el paso del tiempo en el efecto inmediato de la realidad. Llega la hora del reencuentro con los candidatos y con la información en el concepto de su significado como quería Kapuscinski. El 20-D es un argumento próximo que ya conocemos. La antigua esperanza nos sonríe para decirnos algo que no acabamos de saber qué es y en qué consiste. Mas, cuando atravesamos la ciudad, no nos olvidamos de las preguntas que, con suavidad, mascan sus sílabas: ¿Ha leído Bertín Osborne «La banda que escribía torcido» de Marc Weingarten? La portada de la primera edición todavía permanece en el recuerdo como una fotografía incondicional que vemos generalizada en un estado de infancia perpetua. Serena y despreocupada. Dulce y tranquila. Como si la agonía de las horas la embelleciera en los titulares del mes de diciembre. En El País debaten Albert, Pedro y Pablo. Ciudadanos, PSOE y Podemos. Rajoy prefiere el formato de Ana Blanco, María Teresa Campos y, sobre todo, de Bertín, antes que el de los jóvenes de Demos. En la vida hay muchas veredas, mas los votantes de cincuenta y cinco para abajo quieren el debate a cuatro. Y la presencia de todos los líderes, para que analicen los graves problemas que tiene España y respondan a las cuestiones sin apuntes y en directo. Este es el ejercicio de la democracia. Lo demás es un argumento que, inmóvil, desaparece pronto. ¿No hay nadie que haga comprender a Rajoy que los tiempos son otros y que los mismos instantes cambian cuando comenzamos a escribirlos? La palabra vuelve a aparecer, lentamente, delante de nuestros propios ojos. El latido del silencio circula muy deprisa. «Mariano, no rehúyas los debates», dicen en voz alta.
Cambiamos de escenario. «¿Qué prefiere? ¿Una copa de bourbon? ¿Una ginebra helada con un trozo de límón? ¿O, tal vez, una copa de Jerez, por la hora que es?». El 20-D espera como un verso pendiente de su caligrafía. La vieja y la nueva política luchan por el voto. En el fondo del corazón la alegría sobrevive. El invierno llega con su inocencia ficticia. El otoño es una página distinta. ¿Habrá leído Bertín Osborne «Frank Sinatra está resfriado» de Talese? Una ola se pierde como un oxímoron al azar. ¿Es Soraya la alternativa a Rajoy y como tal acude al debate a cuatro que organiza Atresmedia el lunes? La prosa no siempre va más allá de la literatura. «Cada día escribo sin esperanza ni desesperación», caligrafiaba Isak Dinesen en la abstracta fecha de la memoria.

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.