¿Puede ganar las elecciones Ciudadanos?

La estructura sintáctica interrogativa que da título a este artículo no tiene ningún fin argumentativo o persuasivo. Ni siquiera es intención nuestra referirnos, en el anverso o en el reverso, al manual de Lausberg. La llamada interrogación retórica, para Fontanier, consiste «en utilizar el giro interrogativo, no para expresar una duda y provocar una respuesta, sino para indicar, por el contrario, la más grande persuasión, y desafiar a aquellos a los que se habla, a poder negar o incluso responder». Lo que pretendemos con esta pregunta es reflejar un enunciado que se viene produciendo como consecuencia de los sondeos y encuestas: ¿continuará el ascenso de Ciudadanos y el estancamiento de PP y PSOE? La respuesta no pertenece a los manuales de figuras retóricas, sino a quienes, en el ejercicio de su libertad y sus derechos democráticos, voten el veinte de diciembre.

Nadie duda de que la economía ha mejorado con el PP y que en el presente la palabra rescate no se pronuncia ni en los círculos más pesimistas. Mas gobernar tiene un significado mucho más amplio, en el que deben hallar su etimología palabras y sintagmas como ilusión, esperanza, regeneración, cambio de modelo productivo, empleo de calidad y opinión pública. Es así como surgen las propuestas y los argumentos para mejorar la sociedad española. La cultura es progreso, futuro y, sobre todo, una seña de identidad de una manera de vivir y sentir la existencia en el marco histórico de un pueblo. Reducir las declaraciones a una referencia única es empobrecer la misma razón de ser de la comunicación. Por esa ausencia de renovación en los mensajes del partido del Gobierno, está avanzando en sus expectativas electorales la semántica discursiva del grupo político que lidera Albert Rivera. Aquella frase, «saber retirarse a tiempo…», no encuentra mucho predicamento en nuestra clase política, salvo excepciones, que podríamos reseñar fácilmente. Para analizar la realidad social del momento, no hace falta, pues, recurrir a las figuras estilísticas ni a los textos en los que las mismas se analizan en el esplendor de su intención comunicativa.

Hace unos días, circuló con mucha fuerza por Madrid el rumor de que Rajoy tiraba la toalla y que eran Alberto Núñez Feijoo y Catalina Cifuentes los candidatos a sustituirlo. ¿Fue una metáfora o una verdad a medias? ¿Una maldad aviesa y preconcebida? ¿Un preludio de la entrevista de Ana Blanco? Las urnas certificarán si el PP se ha equivocado manteniendo como cartel electoral al actual presidente del Gobierno. Cuando  se aproxima una etapa de elecciones, el cine y la literatura siempre son un «flash-back» que ilustran y enseñan. Una película de 1972, «El candidato», dirigida por Michael Ritchie y Robert Redford, Peter Boyle y Melvyn Douglas en el reparto, viene ahora, con el sigilo de su cadencia, a la memoria. El joven abogado, Bill Mac Cay, que se dedica a la defensa de los derechos civiles, la asistencia legal y la ecología; aspira a conseguir por el Partido Demócrata un puesto en el Senado de los Estados Unidos. La campaña, los debates, las entrevistas, las declaraciones, las redes sociales, la imagen son factores que ayudan a despejar incógnitas y a conocer mejor a los actores de esta secuencia inagotable en la que se convierte el discurso político.

Recoger los votos de los desengañados del PP, por la  derecha, y los del PSOE, por la izquierda, constituye el propósito de los llamados partidos emergentes. Mas la realidad y el deseo no coinciden siempre en dos lugares y a la misma hora. La tersura del voto no se conoce hasta que se leen las papeletas. Es como un quién soy que no llegamos a descubrir, salvo  en la estadística de los números y de los datos. PP, PSOE, Ciudadanos, Podemos, Izquierda Unida y los partidos nacionalistas, «Locos por los votos». Con promesas en esas hojas escritas con palabras, muchas veces ambiguas, que habremos de leer atentamente para poder interpretarlas la gran jornada cuya fecha nos pertenece. La nueva política tiene todo el derecho del mundo a soñar y a hacernos soñar un mañana que alumbre los años que vienen con la luz hermosa del alba; pero sin interrogar la forma original que hay dentro de cada persona. Y sabiendo que el joven mar puede ser también el piélago de Ulises; aquel que, sereno, surca la infinitud. ¿Puede ganar las elecciones la política nueva a la vieja? Una pregunta que se teje y entreteje en una voz que no tiene un solo fonema de retórica. Porque, antes que en la literatura, hay que buscarla en el ir y venir de la historia que perpetúa su métrica desvelando el destino ante el tiempo real e irreal. ¿Y el independentismo? El selfi de un golpe de Estado. Y no a cámara lenta como ha dicho Alfonso Guerra.

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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