María de los Ángeles Ramos Cuaresma, una utrerana que desafió lo establecido

María de los Ángeles Ramos Cuaresma, una utrerana que desafió lo establecido

El caso de María de los Ángeles Ramos Cuaresma no es común. Cuando solo tenía 23 años de edad, tuvo los arrestos necesarios para hacerse cargo de un importante negocio, la conocida como zapatería de Elisa Cabello, mantenerlo, y permanecer durante varias décadas al pie del cañón siendo una de las zapaterías más importantes de la localidad. Todo en una época, en los inicios de la década de los 60 del pasado siglo XX, en la que no era habitual ver a una mujer al frente de un negocio.

La vida de esta utrerana cambió de manera radical cuando solo tenía 16 años de edad. En ese momento estaba cursando estudios de Bachillerato en el instituto Murillo de Sevilla, pero el fallecimiento de su padre provocó que tuviera que abandonar los estudios para entrar de lleno en el mercado laboral. Comenzó a trabajar en la citada zapatería, donde se entregó al 100% desde el primer día, en un establecimiento que destacaba por la calidad del producto que allí se vendía y por la atención personalizada a todos los clientes.

A los siete años de empezar su trabajo en este establecimiento, que se ubicaba en plena plaza del Altozano, llegó otro momento fundamental en la vida de esta utrerana. La dueña del negocio falleció y Mª Ángeles tomó la valiente decisión de asumir el traspaso del local y adquirir el edificio en el que se ubicaba. «La verdad es que no me dio ningún miedo asumir este riesgo y había mucha gente en Utrera que me paraban por la calle y me aseguraban que eso no lo habría hecho cualquiera», explica la propia utrerana.

La zapatería, conocida en esta época como «Calzados Fernández», permaneció abierta hasta el año 2007, convirtiéndose en un centro de referencia en la localidad, destacando por ser un local con mucho encanto, con una inconfundible mesa de camilla, solería hidráulica y un magnífico espejo. Las cajas de zapatos se encontraban perfectamente ordenadas y allí se podía encontrar el mejor género posible para todas las edades. Lo principal era la atención a los clientes, marcada por la cercanía y la profesionalidad: «la que entraba en la tienda se terminaba llevando el zapato. Lo cierto es que desde que me jubilé, echo mucho de menos la zapatería y a los clientes», puntualiza Mª Ángeles.

Esta utrerana ha sido testigo directa de los importantes cambios que ha experimentado en las últimas décadas un enclave tan destacado de la localidad como es la plaza del Altozano, asegurando que, «según mi punto de vista el diseño de la plaza ha ido a peor, se han perdido elementos muy bonitos como los bancos antiguos».

Si por un lado ha tenido la oportunidad de ser testigo de la vida en la plaza del Altozano, en la actualidad disfruta del privilegio de tener una vista única de un lugar con tanto encanto como es el Niño Perdido, la antigua judería de Utrera, donde se encuentra su vivienda. Una ubicación que por un lado tiene su punto positivo, al ser un lugar precioso con mucha historia, pero que por otro lado también le plantea algunos problemas por el ruido que tiene que soportar en determinadas ocasiones.

«Estoy muy orgullosa de haber conseguido todo lo que he ido logrando. Reconozco que tengo genio, pero para llevar un negocio es necesario tenerlo», explica la utrerana que, con solo 21 años de edad, fue elegida Reina de la provincia de Sevilla.

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