Ha vuelto el fútbol. Regresa la política

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El episodio  del Real Madrid y el Manchester United por los traspasos de De Gea y Keilor Navas fue una letra borrosa y predestinada a la imposibilidad. De noticia se convirtió en reportaje; de reportaje en crónica; de crónica en artículo; de artículo en oxímoron; de oxímoron en esperpento; de esperpento en disparate, para quedarse en rumor. El epílogo fue como una vuelta a la normalidad: el costarricense es el portero titular del equipo blanco y el arquero español lo será del United, si Van Gaal lo permite. ¿Puede adquirir un traspaso (frustrado por la burocracia o por la perfidia) la categoría universal de imagen literaria?  ¡Banal es la ignorancia! Las figuraciones son infinitas y no hay ciencia que pueda descifrarlas. Quizá porque sean más difíciles de resolver que un teorema o un problema de álgebra en la mistagógica antítesis de la cotidianidad. Pero no sabemos bien si esta suposición, más que una realidad, es una metáfora. Cuando la palabra gol (¡go-ol!) se hace bisílaba y se transfigura en fonética y fonología, algo de verso hay; sobre todo, si a dicho vocablo lo dejamos en compañía de un adjetivo diáfano y lo hacemos rimar en el último instante de la prosodia, como si fuera el postrero trago de un gin-tónic una noche de luna. O un  testimonio de que el fútbol es leyenda en la indagación de un diálogo grabado en el corazón de las gradas. La cadencia nos permitirá observar la respiración asistida de vocales y consonantes y el punto de articulación de las mismas cada vez que el balón entra en la portería contraria. La sabia historia de los estadios nunca olvida ni borra el pergamino del tiempo. «En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol», caligrafió Galeano como mitología que emerge.

Una metáfora, disfrazada de un surrealismo, extrínseco a la teoría de André Breton, es la figura de Artur Mas en el complejo tablero de Cataluña, convertida en un rompecabezas por tanta sigla independentista. Las encuestas anuncian un complicado panorama el 27-S. La medición de los tiempos que hace Rajoy y el criterio vacilante de Pedro Sánchez pueden llegar tarde a una cita de tanta trascendencia. Rivera renueva su prosa. Las metáforas siguen su curso en el río interminable del mar de Odiseo sin que sobrevenga el caos. Para ello, don Mariano piensa en convocar las elecciones el 20 de diciembre. O sea, en la etimología figurada del consumo, de los premios de la lotería y de la paga extraordinaria. «O yo o PSOE+Podemos. Ustedes tienen la papeleta», nos deletrea, de nuevo, el hombre que, alguna vez, soñó con ser ciclista y ganar la vuelta a España en las etapas de montaña. Pero leyendo los discursos, los sueños no se encienden. ¿Puede gobernar el PP con 140 escaños? Las encuestas lo ponen difícil. Todo abierto, sin  embargo, para la reconstrucción de una realidad que es el presente histórico que, en momentos, imaginamos en la lejanía del recuerdo.

Don Florentino quiere mostrar buenos sentimientos y ha librado una partida de un millón de euros para los refugiados. Mas el problema tiene tantas y tantas ramificaciones que un gesto en esta ocasión no vale más que mil palabras. El euro no apaga el fuego de tanto sufrimiento ante las dudas de oriente y occidente. El polvorín en que se ha convertido Siria no puede ser nunca una moneda de cambio. Cuando el timbre de la voz nos deje escuchar las mentiras, tal vez seamos capaces de entender lo que está pasando. La muerte de tantos seres inocentes es una alarma que suena las veinticuatro horas y se prolonga más allá de unas fronteras que son páginas rotas por el llanto. ¡Vértigo da mirar al norte y al sur cuando sucede lo que sucede! La fotografía que hizo Nilufer Demir del cuerpo sin vida del niño Aylan Kursdi en las playas de la isla de Bodrum es la última esperanza que se ha roto en un mundo que mira para otro lado; y donde la hipocresía hace tiempo que sustituyó a la virtud. Siria arde por los cuatro costados. Los refugiados recorren con sus ojos la vieja película desde el principio. Un mañana que no llega y las lágrimas recordándonos que el suicidio irreparable de los años nos sigue haciendo daño en donde más duele: en la conciencia. Todo sucede por primera vez. Mientras el reloj de la guerra no se pare, el pasado siga sin modificarse, el alba tarde en clarear y el sentido sea el mismo a la sombra de un epitafio, seguiremos comprando el periódico para perdernos entre la muchedumbre. Y preguntando a las horas que a dónde nos llevan.

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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