El Titanic y la literatura de anticipación

La literatura de anticipación es un subgénero literario que ha generado mucha polémica a lo largo de la Historia. Son numerosos los ejemplos de autores a los que se les ha atribuido una inexplicable capacidad de adelantarse a su tiempo a través de sus escritos: Arthur C. Clarke, William Gibson, Julio Verne…

Hoy vamos a centrarnos en dos autores que tienen como nexo común el hundimiento más famoso de la Historia de la navegación: el del Titanic.

Empecemos con Morgan Robertson. Oficial estadounidense de la marina mercante y escritor, es conocido por ser el autor de una curiosa novela titulada El hundimiento del Titán -obra reeditada en España por Nórdicalibros-, también conocida como Futility, Futilidad. En esta obra Robertson narra cómo un transatlántico llamado Titán se hunde en las aguas del océano Atlántico tras chocar con un iceberg.

Las similitudes entre el Titán y el Titanic van mucho más allá del nombre de ambas embarcaciones. Coincidencias asombrosas en cuanto a dimensiones, peso, capacidad de pasajeros… Todo ello plasmado en una novela escrita en 1898, 14 años antes del hundimiento del Titanic.

Las coincidencias entre el Titán de Robertson y el Titanic son muchas:

1- El Titanic tenía una eslora de 269 metros. El Titán de 243,84 metros.

2- Los dos buques estaban construidos enteramente en acero, con tres hélices y dos palos.

3- Ambos buques eran considerados insumergibles, debido a sus numerosos compartimentos estancos: 19 en el Titán, 16 en el Titanic. Ambos navíos disponían también de portalones estancos: 92 en el Titán, 12 en el Titanic.

4- Ambos estaban considerados como los barcos de pasajeros más grandes jamás construidos.

5- Ambos podían transportar cerca de 3000 pasajeros. El Titán iba al completo, el Titanic llevaba 2235 personas.

6- El Titanic tenía un desplazamiento de 66.000 toneladas. El Titán, 45.000. El peso bruto del primero era de 45.000 toneladas; el del segundo, de 46.328.

7- El Titanic tenía 46.000 caballos de vapor. El Titán, 40.000.

8- Ambos buques llevaban un número insuficiente de botes salvavidas. El Titanic, 20; el Titán, 24.

9- El Titanic navegaba a 22.5 nudos cuando chocó contra el iceberg. El Titán llegaba a los 25 nudos.

10- Ambos buques iniciaron su viaje fatal en el mes de abril. En el relato de Robertson no se especifica el día.

11- Ambos navíos chocaron a proa con un iceberg en torno a la medianoche.

12- Ambos navíos hacían la ruta entre Inglaterra y Nueva York. El Titanic había zarpado de Inglaterra hacia Nueva York, y era su viaje inaugural. El Titán hacía el recorrido inverso y completaba su tercer viaje de ida y vuelta.

13- Ambos navíos chocaron con el iceberg en puntos que se encontraban a pocos centenares de millas el uno del otro.

14- Ambos navíos eran propiedad de navieras inglesas, radicadas en Liverpool, con oficinas en América, en Broadway, Manhattan. Los principales accionistas de ambos buques eran americanos.

Eso sí, en el Titanic perdieron la vida cerca de 1.500 personas, mientras que en el Titán casi 3.000, sobreviviendo solamente 13 personas.

La del Titán-Titanic, no obstante, no es la única premonición en la literatura de este autor. En 1914 escribió otra novela titulada Más allá del espectro en la que pronosticó una futura guerra entre Estados Unidos y Japón, que tendría como punto de partida un ataque marino por sorpresa de los asiáticos a instalaciones norteamericanas. Esto se podría entender como una clara anticipación de lo sucedido en Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, es decir, 27 años después de la aparición del libro de Robertson.

Casualidad o no (era marino mercante y podía tener conocimientos avanzados en la materia), Robertson era una persona bastante peculiar y algunos sostienen que las drogas tuvieron mucho que ver con las visiones de las que partían algunos de sus relatos. De hecho, se cree que su muerte fue provocada por una sobredosis de yoduro de mercurio.

Vamos a terminar con William Thomas Stead. Su historia tal vez es menos conocida que la del Titán de Robertson, pero es un ejemplo claro de los asombrosos límites a los que pueden llegar algunas anticipaciones.

Stead fue un reconocido periodista de investigación y articulista inglés. A lo largo de su carrera publicó infinidad de relatos y artículos, pero hoy vamos a destacar uno de esos artículos, titulado Del viejo mundo al nuevo, escrito en 1892 y publicado en el especial navideño de la revista The Review of Reviews de ese mismo año. En él relata cómo un buque llamado Majestic rescata a los supervivientes de otro barco que había colisionado con un iceberg.

¿A qué nos suena esa historia? Un barco que colisiona con un iceberg, un buque que acude al rescate de los supervivientes… Pero hay más. Insisto, todo esto fue escrito 20 años antes de la tragedia del Titanic. En el artículo de Stead aparece el nombre de la naviera White Star Line, la misma del Titanic. Pero es que además, en esta historia los supervivientes son rescatados por el buque Majestic, que hace referencia a un barco real que en aquel momento capitaneaba un tal Edward John Smith, nada más y nada menos que quien 20 años después sería el primer y único capitán del Titanic.

Vamos más allá. En un relato anterior, de 1886, Stead también escribe sobre el hundimiento de un barco y la pérdida de muchas vidas a causa del insuficiente número de botes salvavidas.

Pero hay un último giro en esta sorprendente historia y lo protagoniza el propio Stead. La pregunta es: ¿cuándo murió William Thomas Stead? La respuesta es, como no podía ser de otra forma, sorprendente: la madrugada del 15 de abril de 1912, a bordo del Titanic. El hombre que tanto escribió sobre los peligros del mar y de los modernos transatlánticos fue víctima de su propia anticipación. Jamás se pudo recuperar su cadáver.

Ismael Cabeza

Sobre Ismael Cabeza

Colaboro en diversos espacios culturales y programas de radio. Administro el blog literario "Escritos de un hereje". Hablo de libros y literatura en COPE Utrera, soy miembro del equipo del programa radiofónico "Voces del Misterio" y de la web literaria "Libros Prohibidos". Mi paraíso tiene forma de librería.

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