Un incierto futuro para «El Toruño»

Un incierto futuro para «El Toruño»

La familia Guardiola no ha confirmado oficialmente su cierre, pero los aficionados al mundo del toro conocen perfectamente que la mítica finca de «El Toruño» se enfrenta a un futuro verdaderamente incierto. Según los especialistas taurinos, el pasado 2014 se lidiaban los dos últimos festejos con reses criadas en este enclave de la campiña utrerana, que fueron a la Maestranza de Sevilla y en Las Ventas de Madrid. No obstante, todavía quedan en la finca una veintena de vacas y un par de toros sobreros de la última corrida en Madrid, que hacen pensar, como dicen algunos, que «mientras exista un Guardiola, existirá la ganadería de Guardiola».

Hablar de «El Toruño» es hacerlo de una de las fincas ganaderas más importantes de todo el país, un territorio de leyenda, que durante décadas ha sido un auténtico santuario del toreo y que, en la actualidad, se encuentra ante sus horas más difíciles. La complicada situación de la llamada «fiesta nacional», el descenso de festejos taurinos a lo largo del año en España y el cambio en la elección de encastes de las principales figuras del toreo, ha provocado que este mágico lugar haya ido sufriendo una lenta decadencia que lo ha llevado hasta su situación actual. Algunas fuentes indican que el objetivo final es la venta de la finca junto con lo que queda de ganadería, aunque los propietarios no han confirmado nada en este aspecto.

En «El Toruño» se criaban ejemplares de dos encastes distintos que han marcado una época en el mundo del toro, los «Pedrajas» y los «Villamarta», que han protagonizado tardes inolvidables en plazas tan importantes como Sevilla, Madrid o Pamplona. El lugar en el que está enclavada la finca, donde la campiña se va convirtiendo poco a poco en marisma, cuentan las crónicas antiguas que se trataba del lugar donde las manadas de los toros se refugiaban de las crecidas del río Guadalquivir. Las duras tierras de la marisma confirieron a estos toros la bravura por la que después fueron conocidos en numerosos festejos, una bravura y unas características que no cuadran con lo que se demanda en los eventos taurinos actuales, donde las grandes figuras apuestan por ganaderías completamente distintas.

Utrera está considerada como la cuna del toro bravo, donde en el siglo XVIII se crearon las tres castas fundacionales, Vázquez, Vistahermosa y Cabrera. Por ello no es casualidad que un lugar como «El Toruño» se encuentre situado en el término municipal utrerano, donde se seleccionan los mejores ejemplares desde el siglo XVI. En otros tiempos, llegaron a vivir unas 14 familias en la finca, que se dedicaban a las diferentes tareas que requería un lugar de estas características que, en algunos momentos, llegó a albegar toros para armar cuatro o cinco corridas al año. Algunas construcciones del cortijo datan del siglo XVII. A finales del siglo XIX se hace cargo de la finca la familia Guardiola, mientras que el actual gestor de las instalaciones es Jaime Guardiola Domínguez, puede que el último eslabón de esta cadena taurina que ha dado muchas tardes de gloria.

«El Toruño» tiene la peculiaridad de contar con dos plazas de toros, donde se han celebrado citas legendarias, con la participación de figuras míticas del mundo del toreo, entre ellos Juan Belmonte, que acudía a faenas de acoso y derribo. También fueron famosas las fiestas que se celebraban en los años 50 y 60, donde muchos aseguran que llegaron a acudir personalidades como Hemingway e incluso miembros de la familia Kennedy.

Este rincón del término municipal utrerano ha sido una referencia para el mundo del toro durante varias décadas, y ha sido también el lugar donde muchos jóvenes han soñado con ser toreros. Una imagen muy común era la de un grupo de aspirantes a toreros que, en bicicleta, llegaban hasta las puertas de la finca para ver de cerca a los toros bravos y que, en muchos casos, eran invitados por la familia Guardiola a participar en los tentaderos. Siempre ha sido un lugar en el que los más jóvenes han encontrado un enclave mágico, en el que poder dar rienda suelta a sus sueños de toreros.

«El Toruño», con su inconfundible portada, no es solo una parte fundamental de la historia del mundo del toro. Es, sin duda, un lugar sin el cual no se puede entender la historia de Utrera en las últimas décadas.

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