Se llama Andrea Levy

No es Marilyn Monroe, ni Ava Gardner. Ni Alma María Mahler, ni Lou Andreas Salomé. Pero tiene el misterio y el aura de todas las mujeres interesantes. ¿Se ha convertido Andrea Levy en la musa del PP? «Solo conozco de ti la sonrisa Gioconda con labios separados», escribía Juan Carlos Onetti. La vicesecretaria de Programas y Estudios ha dicho que la política es pasión y sentimiento. Una frase tan rotunda como esta tiene perfil metaliterario y metapolítico a la vez. Es una sintaxis nueva, que puede ser enmarcada en las redes sociales o en un díptico que sea letra y verso abiertos al mundo. Mariano Rajoy y la abogada catalana son del mismo partido. Mas con matices y diferencias que no hay que leer, porque entre la vieja guardia y un «selfi» de esta joven la imagen vale más que mil palabras. Los «blue jeans», las chaquetas tejanas, las gafas de sol «ray ban», el gin-tónic y las sinestesias entre la coca-cola y el ron intensifican las sílabas de la madrugada. Cuando vemos a esta «nouvelle vague» en internet, tal vez pensemos que también puede existir una «droite divine», mientras el fotógrafo eterniza la mirada petrarquista de Andrea y hasta el cielo baja a la tierra para contar los segundos de la instantaneidad. «¿Y conseguiste lo que querías en esta vida? Lo conseguí», versificó Raymond Carver con esa escritura mágica que tiene el lento color de la tarde. ¿Es esta chica de Barcelona una metáfora de Rajoy o, más bien, al contrario? La respuesta no es tan fácil.
Apostar por las primarias, «saltándose a la torera» las mismas para la candidatura a la presidencia del Gobierno es un contrasentido. Hacerle un guiño a lo venidero, haciendo abstracción de lo actual, de lo que es, del ahora, es un salto en el vacío. Elegir al número uno a las generales debería ser el primero paso. No hacerlo es poner la democracia interna en el escaparate y bajar la cortina cuando alguien pregunte por ella. De esta manera, la fotografía, incluida la de Levy y, llegado el caso, hasta la de Catherine Deneuve, cuando la inmortalizó Buñuel, y la de Elena Ivanovna Diakonova, «Gala», cuando la universalizó Dalí, puede parecer mentira o propaganda. Entre el discurso de la economía, de yo o Pablo Iglesias o PSOE+Ciudadanos+Podemos y la métrica que quiere caligrafiar Andrea Levy en la pizarra digital del PP hay un buen trecho. Que o se acorta con pensamiento o filosofía en este preciso momento, o se convierte en un camino cada vez más complicado de transitar a medida que se aproxime la fecha de la cita con las urnas, según los designios del señor de Pontevedra sean escrutables o inescrutables. Hasta el otrora endiosado Íker Casillas ha entendido el párrafo de fin de ciclo y se ha ido al Oporto con Julen Lopetegui. «Se va porque él quiere», dijo Florentino. No se sabe si como testigo directo del cinismo con cuarenta grados a la sombra. «El viento ha roto, agrietado la superficie del agua», escribe James Salter.
La musa del PP lee a Stefan Zweig, David Foster Walace, Anaïs Nin y a Umbral, le apasiona la figura de Mariana Pineda, le gustan el cine de Woody Allen y la música de Carla Bruni y monta en vespa. Mas debe saber que darle voz a los ochocientos mil militantes de su partido tiene un significado real que no puede esperar mucho tiempo para ser redactado. Arenas y Rajoy, Cospedal y Soraya. La política como tal ha sido marginada en esta legislatura por el Gobierno con la justificación de la crisis económica. Este ha sido el enunciado que ha subrayado con rotulador el rajoyismo: más allá de .la economía no existe nada. Como si la cultura, la educación, la universidad, el I+D, las relaciones internacionales, el estado de las autonomías, las artes, el cine y las letras hubieran sido escritas en un paréntesis del que no pueden salir sin permiso de los puntos suspensivos. Que la propuesta de primarias la defienda un señor que ha sido nombrado a dedo es como si a un poema de Benedetti le pusiéramos música con los adjetivos de Campoamor.
Todo empieza de nuevo, tras un largo discurso que se refleja en la superficie cristalina de la mesa. La amiga de Enric Vila Delclòs sabe hablar y tiene estética y mensaje. «Charme» y beldad. Y conoce mejor Twitter que su grupo político. El futuro de la derecha pasa por su nombre y apellidos, siempre que la dejen y no la conviertan en metáfora una noche de luna con la oscuridad encendida. «Se ha parado la luz entre los árboles», escribió Octavio Paz. Ha muerto Omar Sharif. «Lawrence de Arabia» y «Doctor Zhivago». ¿Y Andrea Levy? Ha nacido una actriz. La elegancia también tiene sabor.

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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