Un repaso por la historia del colegio Sagrado Corazón, «La Academia»

Un repaso por la historia del colegio Sagrado Corazón, «La Academia»

Aunque pueda parecer un tópico algo manido, la educación en un pueblo es uno de los aspectos fundamentales, ya que ayuda al ciudadano a desarrollarse como persona y a conocer realmente el mundo en el que vive. En diferentes períodos históricos, la educación y la cultura en Utrera ha estado al alcance de solo unos pocos, mientras que el grueso de la ciudadana vivía en las tinieblas del analfabetismo. Solo es a partir del siglo XIX cuando determinados gobernantes comienzan a entender que todo el mundo tenía derecho a formarse, y por ello se inician los primeros proyectos educativos públicos en Utrera.

Buceando en el pasado nos encontramos con un centro educativo como el colegio Sagrado Corazón que guarda una curiosa historia, un lugar por el que han pasado muchos utreranos y del que la gran mayoría guardan un recuerdo muy especial. Una aventura que comenzó en la década de los cincuenta del pasado siglo XX y que, poco a poco, se convirtió en el colegio en el que hoy día estudian cientos de niños.

El colegio Sagrado Corazón no es un centro educativo cualquiera, ya que tuvo su germen en lo que se llamaba la Academia Comercial, fundada por los utreranos Francisco Rodríguez Benavides y Juan García. El germen de lo que después sería la Academia, comenzó primero en enclaves como la plaza Enrique de la Cuadra y la calle Catalina de Perea, donde estos dos pioneros iniciaron la aventura dando clases a un pequeño grupo de alumnos de lo que anteriormente había sido la Academia Almi. Eran, sin lugar a dudas, tiempos duros donde buena parte de los ciudadanos pasaban dificultades y donde algunas veces la educación de los más pequeños de la casa no era una prioridad, sino simplemente poder disponer de un plato de comida caliente al final del día.

Poco después, se trasladan a la calle Antonio Maura, al local que anteriormente había ocupado una fábrica de electricidad, enclave en el que en la actualidad todavía se ubica el colegio. Poco a poco comenzaron a acudir un número cada vez mayor de alumnos, en unas clases que tanto Francisco como Juan compaginaban con sus diferentes trabajos. Unas lecciones que tenían lugar por las tardes a un precio asequible para las familias más humildes, y a las que, por su horario, podían acudir también algunos niños que por aquella época trabajaban por las mañanas para ayudar a sus familias. Juan se encargaba de impartir materias como Geografía, Historia o Religión, mientras que Francisco impartía Matemáticas, Física, Química o Latín.

Al margen de que la Academia se fuera haciendo cada vez más popular en Utrera y lograra un mayor número de alumnos, el principal problema que se presentaba es que al no ser un centro reglado es que no podían evaluar a los alumnos ni conceder títulos oficiales. Por ello se daba una curiosa circunstancia: al final del curso, los alumnos que habían estudiado en la Academia tenían que desplazarse a Osuna para examinarse y así conseguir el título.

A los estudios de Bachillerato de la época, que llegaban hasta cuarto y su correspondiente reválida, pronto se le unieron otras materias en la Academia que la convirtieron en un centro de referencia en lo relativo a la formación profesional. Todo este crecimiento terminó provocando que, a pesar de no poder otorgar títulos oficiales, la Academia terminó convirtiéndose en el centro educativo local donde sus alumnos obtenían mejores notas en la reválida de cuarto de Bachillerato.

En la actualidad, el colegio cuenta con una treintena de profesores, y es un centro concertado, donde se imparten las líneas de Infantil, Primaria y Secundaria. Un centro donde ahora Antonio Rodríguez, continúa con la aventura que iniciara su padre en los años 50, un colegio que, a pesar de ser ya como cualquiera de los demás que se ubican en Utrera, sigue teniendo un aroma especial, una forma de trabajar distinta, donde toda la comunidad educativa es como una especie de gran familia, y en el que muchos ciudadanos con pocos recursos pudieron iniciar su contacto con la cultura.

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