El club de los escondidos

Es posible que el nombre de Samuel Langhorne Clemens no os suene de nada. Tampoco el de Charles Lutwidge Dogson, ni el de Eric Arthur Blair.

La cosa cambia al nombrar a Mark Twain (autor de Las aventuras de Tom Sawyer, Las aventuras de Huckleberry Finn o Un yanqui en la corte del Rey Arturo), Lewis Carroll (creador de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas) y a George Orwell (1984, Rebelión en la granja). Los primeros, como habréis adivinado, son los nombres reales de tres escritores que han pasado a la Historia con sus seudónimos como marca personal.

Son muchos los autores que un día decidieron (algunos siguen con la tradición) esconderse tras un nombre ficticio. Por razones de seguridad (para evitar la cárcel o algo peor, como la hoguera o la guillotina) o como parte de un juego literario, es divertido desentrañar el enigma de quién se esconde detrás de cada uno de ellos: Jean-Baptiste Poquelin (Molière), Henry-Marie Beyle (Stendhal), Hector Hugh Munro (Saki), Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero)… son algunos de los autores que también sacrificaron sus verdaderos nombres.

Algunos seudónimos parecen incluso necesarios: qué hubiera sido de Pablo Neruda si hubiera firmado sus obras como Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, o de Gabriela Mistral si lo hubiera hecho como Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, tales eran sus nombres reales.

Pero esta práctica no es solo cosa de épocas pretéritas. El rey del terror, Stephen King, ha firmado seis o siete de sus obras (la primera en 1977, Rabia) con el seudónimo Richard Bachman.

Hace algunos años, Arturo Pérez Reverte nos descubrió que Nicholas Wilcox, autor de varias novelas de corte histórico (con un punto de misterio y esoterismo) como La lápida templaria, no es más que el seudónimo de Juan Eslava Galán. Preguntado al respecto, el jiennense ha declarado que decidió inventarse a Wilcox para publicar aquellos libros que se salen de la línea temática habitual de su obra.

Otro escritor muy conocido que ha creado un alter ego literario es el irlandés John Banville. El autor de obras tan célebres como El libro de las pruebas y El mar también triunfa como Benjamin Black, seudónimo con el que ha firmado ocho libros hasta ahora. Sobre este tema, el propio autor ha comentado que el arte es una cosa extraña. Bajo el sombrero de Banville puedo escribir 200 palabras al día. Un día decidí que podía convertirme en otro y bajo ese segundo sombrero, en esa segunda piel, puedo irme a comer tras haber escrito un millar de palabras, tal vez 2.000, y disfrutar con ello. Es increíble descubrir cómo otro tipo puede vivir tu vida y usar tus manos y deleitarse con eso. Escribir es un trabajo peculiar… Escribir es como respirar. Lo hago por necesidad. Por mi propia boca, y ahora también por la de Black. Una curiosa explicación, sin duda.

Una de las últimas en apuntarse al club de los escondidos ha sido la creadora del universo Harry Potter, J.K. Rowling. Temerosa de la acogida que podrían dispensar sus seguidores a los libros posteriores a la saga del niño mago, la escritora inglesa ha decidido publicar hasta ahora dos novelas (la tercera ya está en camino) como Robert Galbraith. Su desenmascaramiento ha hecho que el bueno de Robert pase de dos mil a medio millón de ejemplares vendidos. Nadie duda de la hábil maniobra puesta en marcha por los agentes de la señora Rowling…

En estas líneas solo he citado a algunos de los autores que se esconden tras los más variopintos seudónimos. Os invito a continuar con la búsqueda; la lista es larga y estoy seguro de que algunos os sorprenderán.

Ismael Cabeza

Sobre Ismael Cabeza

Colaboro en diversos espacios culturales y programas de radio. Administro el blog literario "Escritos de un hereje". Hablo de libros y literatura en COPE Utrera, soy miembro del equipo del programa radiofónico "Voces del Misterio" y de la web literaria "Libros Prohibidos". Mi paraíso tiene forma de librería.

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