Condenan a 17 y 15 años de cárcel a los dos jóvenes que asesinaron a un indigente a pedradas

Condenan a 17 y 15 años de cárcel a los dos jóvenes que asesinaron a un indigente a pedradas

Los dos jóvenes acusados de asesinar a pedradas a un indigente en Utrera fueron declarados culpables hace algunas fechas. Ahora se ha conocido la condena impuesta por la Audiencia Provincial de Sevilla, que envía a prisión a ambos individuos con una pena de 17 años y medio para J.C.F., y de 15 años y medio de cárcel para G.D.G.. Según la sentencia recogida por Europa Press, además, ambos deberán pagar una indemnización de 27.000 euros a un hijo de la víctima.

Fue el 25 de marzo cuando un jurado popular declaró, por unanimidad, culpables de asesinato a los dos acusados. Para cada uno de ellos la Fiscalía solicitó 20 años de cárcel al considerar que acabaron con la vida del indigente «por divertirse».

La sentencia considera probado que, sobre las 3.30 horas del 17 de junio de 2013, los dos condenados, «puestos de acuerdo», se dirigieron en una motocicleta hasta el olivar existente junto al camino del Zarate. Concretamente fueron hasta una casetilla de bombeo donde sabían que podían encontrar al fallecido, conocido como «el chatarrero», porque «era usual verlo por la calle llevando un carrito con restos de metales y otros efectos».

Una vez en dicho paraje, J.C.F. comenzó a golpear con piedras y palos a la víctima. Mientras, el otro acusado le alumbraba con una linterna al carecer el lugar de luz, y vigilaba «por si pudiera aparecer alguien», puesto que el fallecido gritaba, mientras era agredido, «iros de aquí, que me vais a reventar la cabeza» y frases similares.

«Conociendo como conocían el estado de deterioro físico del indigente, con quien habían existido incidentes previo», y dado además «el grado de violencia empleada y la reiteración», los acusados asumieron que los golpes con palos y piedras propinados por J.C.F. podían matar al afectado. Sin embargo, «no cesaron» hasta que G.D.G. avisó a su amigo de que venía un coche, en concreto un patrullero de la Policía Local alertado por un vecino, por lo que se dieron a la fuga dejando abandonado el ciclomotor con las llaves puestas.

Tanto los agentes de la Policía Local como los de la Guardia Civil que se personaron en el lugar posteriormente ofrecieron asistencia sanitaria al indigente, que la rechazó. Ya el 18 de junio, la víctima, que pesaba 48,5 kilogramos y medía 1,68 centímetros, fue trasladada hasta el Centro Hospitalario de Alta Resolución (CHAR) de Utrera, tras ser hallada caída en el camino del Zarate.

Fue ingresado con constantes vitales normales en cuanto a frecuencia cardiaca, temperatura y presión arterial para ser asistido de una herida que tenía en la parte superior del labio. No obstante, estando en el centro médico le sobrevino una parada cardiorrespiratoria que no superó pese a las maniobras de reanimación, certificándose su fallecimiento a las 10.05 horas de ese día.

La víctima, finalmente, murió a consecuencia de un traumatismo abdominal cerrado que le causó una peritonitis postraumática y una hemorragia por desgarro interno. Fue como consecuencia de los golpes recibidos, que le provocaron la fractura de seis costillas, la pérdida de tres piezas dentales y una herida en el labio.

La Audiencia Provincial señala que en este caso «no existe prueba directa de la realidad y autoría del delito» y «solamente se cuenta con indicios», entre los que cita la declaración de un vecino que, alertado por su mujer de que se escuchaban ruidos, se asomó a la ventana y llamó a la Guardia Civil, ya que vio a alguien en la zona donde vivía el indigente alumbrando con una linterna «y cómo le estaban pegando» a éste con palos y piedras mientras el fallecido decía «iros de aquí, que me vais a matar» o «dejadme, que me vais a reventar la cabeza».

Seguidamente, llegaron al lugar agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, según señala la Audiencia, que asevera que «si los golpes cesaron, no fue por voluntad propia de quienes se concertaron para ello, sino por el aviso del que vigilaba y tenía la linterna de que se acercaba gente, lo que motiva la huida. No se pone fin a la agresión sino cuando no pueden proseguirla».

La Audiencia destaca que el indigente «era sin duda una víctima fácil que doblaba la edad de sus asaltantes y con un organismo debilitado, que ninguna posibilidad de defenderse tuvo». En este punto remarca que, aparte del estado físico, «no cabe obviar al momento de valorar la vulnerabilidad del finado la existencia de datos que apuntan a algún problema de otra índole».

Y es que «daba voces a solas» y «se había aislado de todos y de todo pese a contar con familia muy cercana, para vivir en condiciones realmente penosas, tal y como reflejan las fotos existentes del lugar en el que se cobijaba quien en su momento tuvo trabajo y una vida relativamente normalizada según sus hijos, hasta poco después de su separación».

Tras resaltar que el estado que mostraba el cadáver «permite tener una fiel idea del grado de violencia que se ejerció» contra la víctima, la Audiencia dice que J.C.F. fue el autor directo «de la muerte no inmediata» del indigente, mientras que «no se puede atribuir» al otro condenado «la autoría de golpe alguno, aunque las declaraciones escuchadas por testigos que hablaron con el luego fallecido podrían, tal vez, abonar lo contrario al dirigirse hacia sus asaltantes en plural».

No obstante, considera a G.D.G. coautor de los hechos, ya que «hubo previo acuerdo para ir en su busca –la zona donde dormía el indigente no era camino de paso de nada-» e iluminó el lugar para «facilitar la comisión» del asesinato. «Pudo poner fin al hecho haciendo desistir al autor material de los golpes cuando debió advertir que estos se reiteraban conociendo las circunstancias de la víctima, y fue quien avisó de la llegada de personas, permitiendo de esta forma la huida», concluye.

En la primera jornada del juicio, el segundo acusado aseguró que no estuvo en el lugar de los hechos y el primero admitió que llegó a golpear al fallecido en dos ocasiones con una piedra pero para defenderse y evitar ser agredido por el mismo. Esto es algo que no comparte la Audiencia Provincial, pues «el reportaje fotográfico del fallecido, aunque se haya enviado en blanco y negro, igualmente deja constancia de que sobre el mismo no se golpeó sólo dos veces».

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