A la voz del capataz

A la voz del capataz

Nací en Utrera, llena de fe y de devoción a la Virgen que me brota de la savia de mis raíces, en especial a nuestra Virgen María Santísima de los Dolores en su Soledad y hermandad del Santo Entierro. Transpiro vida cofrade por los poros de mi piel, y mi corazón acompaña al señor en su pasión, muerte y resurrección. El Sábado Santo en Utrera, me transporta a la catedral de nuestra vida, la infancia, donde hemos recibido el tesoro más importante de nuestra vida, el amor de la familia, la fe y la educación en valores.  Con Cristo crucificado, hemos muerto a nuestro pecado, y en este Sábado Santo de dolor acompañamos a María  en su soledad. Ella no se quiebra. Su pueblo está con ella, la sigue, la acompaña, la ama, la espera y la sostiene con mimo como a una rosa en primavera. María se queda. Se queda en nuestro corazón, en nuestra vida.

Cristo ha muerto. Todo está vacío y oscuro, el cielo y tierra está cerrado, de luto. El mundo está gris y triste. Y desde la tierra, en la más profunda humildad, María entierra a su hijo, el fermento que transformará todo, toda la historia, por los siglos de los siglos.  Los dos, Jesús y María, han rescatado al hombre. Han restaurado el paraíso original, nos han vuelto a la vida. Hoy todo es muerte, menos María. Ella consuela a su hijo, y perdona al mundo. Nos dona a su hijo, nos lo entrega viendo en cada hombre a su hijo. Y ella está llena de vida. Esta noche santa, ella sola es la vida. María permanece a nuestro lado, asumiendo su doble misión como madre nuestra. En esa hora de dolor, pronuncia otro sí, redobla su fiat, Por eso es la alegría de cielo y tierra.

No hay palabra, hay entrega, hay amor, hay comunión, hay Consolación. Jesús muere en paz y María en la cumbre queda, Una cumbre que ella nunca hubiera querido subir. Pero lo hace por su hijo y por todos nosotros. Ella nunca va a abandonar a Dios, ni en la tierra ni en el cielo. Dios se bastó con ella para consumar su voluntad. Ella fue el trono que eligió para reinar y ella espera.

Oficios de Sábado Santo en las monjas de la cruz, privilegio que nos muestran de recibirnos las 7 monjas en su intimidad, cielos anticipados de vida de gracia y caridad. Y allí vivimos en comunidad la gloriosa resurrección de nuestro Señor, pasando de la muerte a la vida, muriendo a nuestro pecado entramos a ser partícipes de la vida de Dios. Vivencia en familia y amigos cofrades.

Y llega el domingo Y en Santa María se celebra con todas las hermandades la resurrección  de nuestro Señor.

Aleluya, Dios ha resucitado en cada uno de nosotros, rescatándonos desde nuestra infancia e hilando nuestra vida y vivencias con su hilo de gracia y amor.

Y salimos a la calle en procesión, y bajo palio llevan al Santísimo y le acompañamos, y en esa andadura damos la cara, y manifestamos  que Cristo vive.

Cristo vive en cada uno de nosotros y hemos de anunciarlo sin reserva, siendo vasos traslucidos portadores de su gracia y energía vital.

Utrera, Casa de Dios y de María Santísima, resplandece de alegría y necesita nuestras manos, nuestro rostro y nuestra voz para manifestar el pueblo de Dios.

Mis padres eligieron para mí en el bautismo el nombre de Consolación, y haciendo honor a mi nombre quiero ser un consuelo para aquel que necesite estar mas cerca de nuestro señor.

Gracias  papá, por ser capataz de nuestra Virgen de los Dolores, gracias papá por tu testimonio y entrega, gracias papá por educarme en la fe, gracias papá por tanto amor a Utrera.

A ti, Capataz, ¡al cielo con Ella!

Consuelo Gutiérrez Báez, hija de José Luis Gutiérrez Cuéllar

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Redacción de Utreradigital.com

Un comentario en “A la voz del capataz

  1. consuelo dice:

    Gracias Utreranos que canalizais dando vida a lo escrito

    un abrazo

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