Un Santo Entierro con sabor a Viernes Santo (GALERÍA Y AUDIO)

Un Santo Entierro con sabor a Viernes Santo (GALERÍA Y AUDIO)

Hacía años que Utrera no vivía un Sábado Santo como éste. La amenaza de lluvia del pasado Viernes Santo hizo que se recuperara una estampa de otra década. Junto a Cristo Yacente y a la Virgen de los Dolores en Soledad, la estación de penitencia del Santo Entierro incorporó el paso del Señor Atado a la Columna.

La presencia del citado paso de misterio protagonizó una estampa histórica, al contemplarlo bajando por una calle Rodrigo Caro y sus aledaños repletos de público. El «portaviones» atrajo numerosas de las miradas de la jornada, al verlo en un Sábado Santo caminando con el compás de la banda de cornetas y tambores de la Vera-Cruz de Utrera. Al tratarse de un día en el que se acompaña a Cristo muerto, la música que sonó fue de corte clásico, mientras que la cuadrilla de costaleros anduvo igualmente con un caminar firme, sin las habituales florituras a las que tiene acostumbrada.

La incorporación de este paso procesional al cortejo hizo necesaria ayuda externa para que la urna con Cristo Yacente pudiera recorrer las calles de Utrera. Para ello, la Vera-Cruz contó con el ofrecimiento de varias hermandades, siendo finalmente la de los Estudiantes la que se encargó de dicha tarea, lo que provocó que, junto al capataz de la cofradía anfitriona, pudiera verse a quienes mandan habitualmente los pasos del Cristo del Amor y de la Virgen de las Veredas. Con un transitar muy sobrio, y envuelto en el silencio que ha de acompañar a dicha escena, incorporó en la carrera oficial la presencia de los miembros del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, así como las autoridades civiles y militares de la ciudad, que caminaron tras ese paso, a modo de duelo.

Y, como es tradicional, la Virgen de los Dolores –ataviada de riguroso negro y con un exorno floral de claveles sangre de toro- fue la encargada de cerrar el cortejo, con el acompañamiento de la Asociación Musical de La Algaba que, un año más, interpretó marchas del corte adecuado a una jornada como la del Sábado Santo. El característico sonido que ofrece el palio de guipur y azabache al golpear con los varales se mezcló con el tambor destemplado de la banda, en una estación de penitencia que culminó, como es tradicional, con los compases de «Amarguras».

 

 

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