Un Jueves Santo y Madrugá agridulce en Utrera (GALERÍAS Y AUDIOS)

Un Jueves Santo y Madrugá agridulce en Utrera (GALERÍAS Y AUDIOS)

De aquello de los «tres jueves del año que relucen más que el sol» ha habido poco esta vez. La intensa lluvia, acompañada incluso por granizo, marcó el inicio de un Jueves Santo sin sabor trinitario, pero que logró reponerse con el contraste tradicional que dejan en las calles las hermandades del Silencio y de los Gitanos.

Los peores presagios se materializaron cuando el mayordomo de la Trinidad anunciaba en el templo de la popular calle «La Fuente» que dicha cofradía no iba a realizar su estación de penitencia. El hermano mayor recordaba que la amenaza de lluvia iba a estar presente toda la tarde y que el riesgo era demasiado alto para poner el cortejo en la calle.

Así las cosas, las puertas de la capilla se abrieron para recibir la visita de los cofrades. Peor también para inundarse de los sones de la banda de cornetas y tambores «Ecce Homo» de Abarán (Murcia), que visitaba por primera vez Utrera para acompañar al Cristo de los Afligidos. Al no poder procesionar, sus músicos ofrecieron un pequeño concierto ante la fachada de la iglesia, para deleite de quienes se habían dado cita en aquel enclave. Y en el interior, resonaron los cantes que interpretaron los miembros de la escuela de saetas.

El color negro de las tradicionales mantillas que lucían un grupo de mujeres contrastaba con el colorido y llamativo exorno del paso del Cristo, integrado por orquídeas, rosas red naomi, claveles morados, iris morados, antirrhinum morados, leucadendrom morados, statice azules, calas moradas, eryngium azules, rosas sweetess moradas, limonium azules, helecho, nephrolepis exalta, cardos, pino, hinojo seco, esparto y espino. En cuanto al palio de la Virgen de los Desamparados –que lucía unas nuevas bambalinas laterales, bordadas en oro-, llevaba clavel rosa patrocinio, flor de cera malva y ruscus.

En una noche que se tornó bastante fría, las miradas se centraron posteriormente en la parroquia de Santiago el Mayor. Con puntualidad, el cortejo de la hermandad del Silencio se puso en la calle para inundar el ambiente con su característico caminar. Con la promesa de no hablar durante el recorrido –el llamado «voto de silencio»-, el único sonido que sobresalía era el de las cadenas que portan algunos nazarenos amarradas a sus tobillos, cuando rozan con el suelo; y también el de las saetas que interpretó desde la casa-hermandad de esta cofradía Marta González Sevillano, una gaditana que se alzó con el triunfo en el concurso de saetas «Cuaresma Utrerana».

El paso del Redentor Cautivo volvió a presentar un monte silvestre bajo los pies del Señor, integrado por clavel rojo, lirio morado, cala blanca, rosa roja, rosa malva, clavel chino rojo, clavel chino morado, limosneo morado, astilbe rojo, alelí morado, flor de cera, yedra, romero, helecho, esparraguera, eucalipto, espinas y cardos. Por su parte, la estética el palio de la Virgen de las Lágrimas se mostraba distinto a los años anteriores, al estar exornado con jacintos blancos y ruscus.

Tras recorrer las calles de Utrera durante algo más de tres horas y media, la cofradía llegaba de regreso a su templo, con 20 minutos de adelanto sobre el horario previsto. Fue algo similar a lo que le ocurrió a la hermandad de los Gitanos, que marcó el contrapunto con su peculiar forma de mostrar su fe, algo que se dejó especialmente sentir en los momentos en los que el cante se adueñó de la estación de penitencia ante los titulares de la cofradía, en lugares como la calle San Fernando.

Antes de ese instante, el inicio de la Madrugá ya había traído consigo una enorme lluvia de pétalos, que cayeron sobre el palio de la Virgen de la Esperanza desde el campanario de Santiago. Y también se vivió otro momento especial cuando, en torno a la calle Preciosa, este paso caminó a los sones del pasodoble «Suspiros de España».

En el capítulo de estrenos, muchas de las miradas se fijaron en la preciosa nueva cruz de guía de la hermandad, que esa noche procesionaba por primera vez, al igual que los faldones laterales del paso del Cristo de la Buena Muerte. Precisamente la canastilla de esta paso lució un crespón negro, como recuerdo a su camarera, y bordadadora de la hermandad, Isabel Sánchez, recientemente fallecida. Junto a su recuerdo, también se hizo presente la memoria de Diego Jiménez, uno de los responsables de que la imagen de la Virgen de la Esperanza sea titular de los Gitanos, y en cuya memoria otro crespón pudo verse en el paso de palio.

Y, como es tradicional, uno de los momentos más esperados por los cofrades era ver el exorno floral elegido por la hermandad para sus pasos. El del Cristo fue integrado por 900 tallos de clavel sangre de toro formando el monte y 50 rosas junto a eucalipto a los pies de la cruz. En cuanto al palio, casi ocho horas de trabajo permitieron contemplar una mezcla de rosas de  color rosa, rosas malva, rosas de pitiminí de color rosa, dendrobium rosa, flor de arroz, flor de cera, limonium malva, jacintos rosa, claveles rosas, claveles señorito, alstroemerias rosa, ruscus, tuya y eucalipto.

Trinidad

Silencio

Gitanos

 

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