Una investigación pionera con aroma utrerano

Una investigación pionera con aroma utrerano

Durante siglos el principal objetivo de la ciencia ha girado en torno a la intención de hacer más sencilla la vida del ser humano. Sólo hay que echar un vistazo a determinados avances tecnológicos como por ejemplo la electricidad o la llegada a los hogares de la informática para comprobar que hay un antes y un después de ellos. La imparable progresión que ha experimentado el campo científico en las últimas décadas ha dado como resultado una sociedad mecanizada y que en cierta manera termina siendo agresiva con el medio ambiente, produciendo mucha contaminación. Por ello, en la actualidad, la ciencia también avanza en otro sentido: no solo trata de hacer la vida más fácil, sino que intenta alumbrar inventos que nos lleven hacia una sociedad más respetuosa con nuestro planeta.

El plástico es sin lugar a dudas uno de los componentes más complicados de eliminar de la Tierra, razón por la cual en la actualidad son muchos los científicos e investigadores que se devanan los sesos para conseguir crear plásticos partiendo de elementos naturales y cuya eliminación tras haber cumplido con su función sea más sencilla y menos agresiva con el medio ambiente. Es lo que ha conseguido el grupo de trabajo «Tecnología y diseño de productos multicomponentes», que pertenece a la Universidad de Sevilla y que está dirigido por Antonio Guerrero. Un auténtico vivero de investigadores donde se da la casualidad que trabajan tres utreranos como José María Aguilar, María Luisa López y Carlos Bengoechea, a los que recientemente se les ha unido una utrerana más, Isabel Carreño, que en la actualidad es alumna interna y que está comenzando a hacer sus primeros pinitos en el mundo de la investigación.

En concreto, este grupo de investigadores, tras casi dos años de trabajo en el laboratorio, ha conseguido crear un bioplástico a través de la proteína de la soja que posee la peculiaridad de absorber hasta 40 veces su peso. Se trataría por tanto de un material que podría tener importantes aplicaciones en el mundo de productos higiénico-sanitarios como en la fabricación de pañales, tampones o compresas y que también podría ser muy útil en el sector de la horticultura, ya que serviría para poder acumular y retener agua y suministrarla a los cultivos poco a poco. Aunque en la actualidad en el mercado hay materiales que proporcionan una capacidad de absorción muy superior a la de este bioplástico, lo cierto es que son mucho más contaminantes y su eliminación de la naturaleza tras haber sido usados resulta muy complicada.

Uno de los objetivos que se marcaron los investigadores cuando iniciaron su trabajo era conseguir un material que pudiera sustituir a plásticos obtenidos a partir de polímeros sintéticos, que se están utilizando actualmente en productos higiénico-sanitarios, como pañales y compresas. Se trata así de reducir el uso de los polímeros artificiales y emplear otro que es biodegradable, que se integra plenamente en el medio.

Es un trabajo que se ha desarrollado en colaboración con el Servicio General de Investigación de Caracterización Funcional ubicado en el Centro de Investigación, Tecnología e Innovación de la Universidad de Sevilla (Citius). Concretamente, han modificado su afinidad por el agua y han conseguido que retenga un porcentaje mayor de este líquido.

Para llegar al diseño del material que recogen en el artículo «Natural superabsorbent plastic materials based on a functionalized soy protein», publicado en la revista «Polymer Testing», los investigadores han realizado diferentes experimentos en el laboratorio alterando la composición de esta leguminosa.

El director de este grupo de investigación, Antonio Guerrero, tiene una forma muy gráfica de explicar las capacidades de este producto conseguido a través de la proteína de la soja:«Si tomamos un dado de este producto de diez gramos de peso y lo introducimos en un cubo de agua, aumentaría su volumen hasta los 400 gramos, de los cuales el porcentaje mayor es agua».

Lógicamente el paso más complicado para los investigadores es el tránsito que deben realizar sus hallazgos desde la mesa de pruebas del laboratorio hasta el mercado y que finalmente su invento termine siendo el responsable de una vida más sana y ecológica para el resto de los humanos. En este sentido, Guerrero, que tiene bajo su batuta a cuatro utreranos, explica que «creo que puede terminar llegando al mercado, en los productos higiénicos-sanitarios la gran capacidad de nuestro experimento no es la absorción, ya que hay productos con mucha mayor capacidad pero constituyen un problema para el medio ambiente, el nuestro es más ecológico». No hay que dejar de lado un dato escalofriante, y es que en la actualidad, solo en la Unión Europea, se generan 140 millones de toneladas de residuos al año, de los cuales 50 millones provienen de residuos industriales, por lo que conseguir crear productos que sean respetuosos con el medio ambiente ya no se convierte en un reto para los científicos, sino prácticamente en una necesidad para poder seguir viviendo con garantías de salud en este planeta.

Una vez que este grupo de investigación ha logrado crear bioplástico utilizando proteínas que se encuentran presentes en la soja, la intención es utilizar el mismo modelo para trata de hacerlo con otro tipo de componentes, ya que como explica el propio Antonio Guerrero:«Tenemos nuestra vista puesta en productos como el algodón o el gluten, porque si usamos la soja, al final estaríamos compitiendo con el mercado alimentario, ya que la soja es un cereal que se utiliza mucho para el consumo humano».

Dentro de las dos aplicaciones que podría tener en el mercado este nuevo bioplástico nacido en las entrañas de la Universidad de Sevilla, Antonio Guerrero reconoce que en el «sector de la horticultura estamos más cerca de ver una aplicación real de este experimento». Un hallazgo que el propio Guerrero asegura que «ha avanzado gracias al magnífico equipo de investigación que tenemos en este grupo, dos años es poco tiempo para un proyecto de esta envergadura, todavía tenemos mucho terreno por delante para avanzar y estamos lejos de una aplicación».

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