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¿Qué es negociar?

Negociar no es acordar; puede ser. Aunque siempre sería lo deseable. Pero tampoco negociar es sentar a los sindicatos alrededor de una mesa, apenas escucharlos, atender el WhatsApp o hablar por teléfono mientras intervienen, levantarse de la mesa entrando y saliendo constantemente de la sala, para al final aprobar la propuesta de la organización, sin tener en cuenta en lo más mínimo las enmiendas, sugerencias, propuestas, etc, de la parte sindical.

Negociar no es tampoco engañar, faltar al respeto y tomar el pelo a los trabajadores, cuando se ha llegado a un acuerdo en un punto y después no se cumple, ejecuta o materializa.

Negociación no es imponer amparado en las todopoderosas facultades de organización que tiene este Ayuntamiento como cualquier otra empresa. Más, el Ayuntamiento no es cualquier empresa. El Ayuntamiento es una administración local que debe servir a los intereses generales de los ciudadanos (dentro de los que se incluyen también los de los trabajadores -no se les olvide-), desde el más estricto y escrupuloso respeto al Ordenamiento Jurídico vigente en cada momento. Y hemos de recordarles que el Acuerdo de Funcionarios y el Convenio Colectivo de este Ayuntamiento forman parte de ese Ordenamiento, que ustedes continuada y premeditadamente vienen saltándose a la torera.

Esto es lo que viene ocurriendo en este Ayuntamiento en los órganos de negociación desde la llegada de este equipo de gobierno.

La negociación es un proceso mediante el cual dos partes, con intereses comunes y contrapuestos, ceden en sus pretensiones iniciales, para alcanzar un acuerdo beneficioso entre los dos. Dicho de otra forma, la negociación es llegar (siempre desde el principio de la buena fe) a un punto intermedio en las pretensiones de ambas partes, desde la cesión o la concesión de cada uno de ellas. Eso sí es negociar.

El Ayuntamiento tampoco es una empresa privada y por eso no debe pensarse en su gestión como si de ella se tratase, intentando buscar rendimientos de explotación en la cuenta de pérdidas y ganancias, aunque sea a costa de los derechos de los trabajadores, recortándolos y mermándolos e interpretando la normativa caprichosamente y de forma interesada, dependiendo del momento, del lugar o de la persona.

Esto no es óbice por supuesto, a que los recursos públicos deban gestionarse con criterios de eficiencia y eficacia (con lo que estamos totalmente de acuerdo), criterios éstos que en la parcela de los recursos humanos, ni los que estaban antes ni mucho menos ustedes, hasta este momento han hecho, se lo aseguramos.

UGT, negociando desde 1888