Las siete vidas de Rajoy

El fin de semana pasado se celebró el XVIII congreso del Partido Popular en el recinto madrileño de la Caja Mágica. No ha habido sorpresas y todo ha transcurrido según lo previsto. Mariano Rajoy ha logrado la unanimidad y María Dolores de Cospedal sigue como secretaria general, aunque se argumente que con el poder limitado. Desde el 14 de marzo de 2004, cuando, contra todo pronóstico, perdió las elecciones generales ante Rodríguez Zapatero, han sido varias las veces en las que la situación del líder del PP ha sido muy complicada. Es lo que ocurrió cuando volvió a perder en marzo de 2008, a pesar de que logró 156 escaños, y cuando el 20 de diciembre de 2015 ganó las elecciones, pero pasando de los 186 escaños de 2011 a los 123. Nadie apostaba por su continuidad y se hacían apuestas sobre sus posibles sucesores. Su futuro político pendía de un hilo, al haber perdido la confianza de parte de su electorado y de importantes sectores de su partido, que lo consideraban ya un problema y un obstáculo. Los nombres de la ambiciosa Soraya, Núñez Feijoo y Pablo Casado surgían como alternativas ante el confuso panorama que se presentaba. El caso Bárcenas y otros focos de corrupción amenazaban, seriamente, un liderazgo debilitado y cuestionado. Pero el pontevedrés tiene siete vidas políticas o más, si cabe, y, cuando se lo daba por muerto, resucitó. Así, en los comicios del 26 de junio de 2016 remontó y obtuvo 137 escaños. El imposible pacto entre Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera lo favoreció. La crisis del PSOE, como aliada, hizo que su posición pasara de un estado a otro, para hacernos ver que nunca es demasiado tarde para llegar al cauce que permite atravesar las veredas del destino.
La pregunta sigue siendo cómo, en momentos tan intrincados, arduos y peliagudos, ha podido salir victorioso. En determinado contexto, la interrogante es si Rajoy se parece al Gary Cooper de «Solo ante el peligro» o, por el contrario, a un lama tibetano. Impávido, impertérrito, ajeno a rumores, intrigas y conspiraciones, mantuvo esa calma, que tanto se asemeja al budismo. Cayeran rayos o chuzos de punta, se oyeran truenos o relámpagos, continuaba en la condición que solamente es propia de un buda o de un asceta hindú, con muchos años de meditación en las orillas del silencio. Ni aquella afirmación tan contundente de Pedro Sánchez en el debate, ni el sms a Bárcenas, ni el caso «Gürtel», ni otros episodios varios han conseguido sacarlo de quicio. Mas, transcurrido el tiempo kantiano en su metafísica existencial, la siguiente cuestión es si este señor, que tiene la destreza y la habilidad gracianesca de ocultar o simular sus ambiciones políticas y personales, no es un serio inconveniente y una dificultad para la necesaria renovación de la derecha española. «La vida es un viaje. El tiempo es un río. La puerta esta entreabierta», dijo Jim Butcher con esa métrica que parece filosofía siendo literatura y con ese gesto que intenta no ser para estar en la mirada de las palabras.
¿Tiene ideología el marianismo? ¿Cuál es la definición de este concepto, si se puede considerar como tal? ¿Encuentra alguna razón, aparte de lo que significa el disfrute del poder, intentando aparentar justamente lo contrario? Estas preguntas se las hacen militantes que, hoy, después de la unanimidad del último cónclave lo tienen más difícil que nunca a la hora de plantear sus objetivos y sus postulados; tan ligados a la democracia interna, como fundamento en la génesis y el «adn» de un partido político. José María García, en alguna ocasión, dijo que Rajoy es como el agua: por donde pasa no mancha, pero tampoco limpia. Si una característica define, de modo notorio, al señor de Pontevedra es la impasibilidad. Siempre vendrá bien leer el libro de Graciano Palomo, «El hombre impasible. Historia del PP de Rajoy, camino al poder». Los tiempos para el líder de la derecha tienen que ver más con su misterio insondable que con el reloj y el calendario. Ajeno a la aparición y a la puesta de sol, al calor y al frío, a la humedad y a las precipitaciones, su máxima es inescrutable. El tiempo rajoyano es imperceptible en su secreto. A pesar de que, en ciertas circunstancias, adversas o favorables, nos pueda hacer pensar que lo mide de la misma manera que lo hacían Jacques Anquetil y Rick Van Looy. Mas Rajoy nunca será «Monsieur crono» o «L´enfant roi». Rajoy fuma puros. Pero seguimos sin saber si los enciende como Abraham Lincoln, Winston Churchill, Alfred Hitchcock, Orson Welles, John F. Kennedy, Fidel Castro y Peter Falk, «Colombo». O como Morante de la Puebla, en el callejón de una plaza de toros.
Manuel Peñalver

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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