El sistema actual de partidos políticos en España es perverso

Hay dos palabras de este título en las que quiero hacer hincapié: actual y perverso. No sé si en el pasado los partidos políticos fueron algo diferente, aunque lo dudo,  ni cómo serán  en el futuro, aunque dudo también de que en el futuro puedan ser algo peor.

En cuanto al calificativo de perverso, que viene de la palabra latina “perversus”, el diccionario de la Real Academia nos da dos significados y los dos en la misma línea “Sumamente malo, que causa daño intencionadamente”. Pero según el diccionario latino de Raimundo de Miguel “perversus” tiene varias acepciones más, entre ellas: “inverso, trocado, trastocado” “antinatural”, además de la cercanía en que se encuentra con las palabras “pervertido y perversión”.

¿Por qué digo que  los partidos políticos actuales son perversos?  Fundamentalmente porque han cambiado, han tergiversado, trastocado su razón de ser.  Nacieron con una intención noble, la de aunar fuerzas para solucionar los problemas que individualmente no podía resolver el ciudadano. Nacieron para defender los intereses de éste, para representarlo, para servirlo, pero se han convertido en señores, están defendiendo sus propios intereses, y el ciudadano ha quedado relegado al anonimato. Son perversos, se han pervertido.

En una era en que se impone el diálogo, incluso a nivel internacional,  para resolver los problemas, es inconcebible que a nivel nacional, e incluso a nivel municipal, los partidos políticos sean algo antagónico entre sí. Lo que dice un partido político es automáticamente malo y negativo para el otro. Su objetivo fundamental es en el momento actual hundir al adversario para echarle del poder y ocupar su sillón.

Es inconcebible que personas que no han demostrado ninguna cualidad en su vida, porque se han enrolado a los 16 años en un partido político, tengan en sus manos la vida y las propiedades de millones de españoles. Es inconcebible  que muchos políticos se agarren al sillón del partido porque no saben  hacer otra cosa. Es inconcebible que los partidos pretendan que los ciudadanos cambiemos y que cambie todo, cuando quizás lo único que debe cambiar son ellos. Es inconcebible que los políticos dediquen dos horas al parlamento y seis a la televisión. La prueba más evidente de que sobra mucho parlamento.

Es inconcebible que tengamos que mantener un aparato mastodóntico de políticos, mientras no hay dinero para lo fundamental: la sanidad y la educación. Es inconcebible que no se hayan enterado de que con los medios telemáticos actuales sobran el 80 % de los políticos y el 90 % de los sueldos políticos. Pero ¡ay!, ¿cómo se ganarían el pan muchos de ellos, si no saben hacer otra cosa? “Dos legislaturas como máximo”, “fuera políticos profesionales”, así rezaban los estatutos de uno de esos partidos que querían limpiar la vida política. Hubo que suprimir esas palabras de los estatutos, porque a sus políticos ya se les ha pegado el sillón y ha sobrepasado con creces ese plazo.

Es una perversión que cuando se trata de solucionar sus propios asuntos –  vacaciones, sueldos, privilegios-  todos los partidos se pongan inmediatamente de acuerdo – y no cedan lo más mínimo cuando se trata de solucionar los problemas de los ciudadanos

Los partidos políticos no tienen por qué ser intrínsecamente malos, pero actualmente lo son, porque se han pervertido. Son intencionadamente malos, porque se están comiendo el presupuesto  que debería emplearse para otras necesidades. Se han pervertido, porque en lugar de preocuparse por crear puestos de trabajo, se preocupan de crear sillones para sus afiliados. Se han pervertido, porque en lugar de considerar la política como un servicio al ciudadano, la han convertido en una fuente de financiación. Son perversos

Los actuales partidos políticos de España  no son la solución, son el problema.

Félix de la Fuente Pascual

Félix de la Fuente Pascual

Sobre Félix de la Fuente Pascual

Licenciado en Teología y Derecho, es autor de las obras «Glosario Jurídico-Político de la Unión Europea», 2002 (Tecnos); y «Dictionnaire juridique de l’Union Européenne» (Bruyland, Bruselas, 1998). Ha sido funcionario por oposición del Parlamento Europeo, donde ha vivido muy de cerca la grandeza y la miseria de la política, y actualmente trabaja como traductor jurado de alemán.

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