La hucha de las pensiones

Se acerca la Navidad, con ese sol de color membrillo que, reflejado en el atardecer, es una postal que se hace eterna en los instantes de sí misma. En la hoja del almanaque aparece el segundo sábado de diciembre como un poema que caligrafía la vuelta al «blues» de los Rolling Stones. «Blue and Lonesome», el nuevo álbum, ha llegado al mercado entre sintagmas y adjetivos que enaltecen la  voz de Mick Jagger. Un proyecto basado en versiones de clásicos como Jimmy Reed, Willie Dixon, Eddie Taylor, Little Walter o Howlin Wolf. Es el primer trabajo de estudio que el mítico grupo publica en más de una década. Doce temas, que arrancan con la recreación del «I’m Just Your Fool» de Buddy Johnson. Jagger, Keith Richards y Ronnie Woord poetizan la existencia que se prolonga infinita en las sílabas de una métrica; la cual siempre parece nueva en la originalidad de lo vivido en las calles del mundo.

La política prosigue su curso y, en relación con ella, la prosa de Larra, que pareciendo literatura es periodismo, vuelve espléndida y radiante. Muchos de los artículos que publicó son presente de indicativo en la cronología del pretérito, que se resiste a ser pasado. «Gran persona debió de ser el primero que llamó pecado mortal a la pereza; nosotros, que ya en uno de nuestros artículos anteriores estuvimos más serios de lo que nunca nos habíamos propuesto, no entraremos ahora en largas y profundas investigaciones acerca de la historia de este pecado, por más que conozcamos que hay pecados que pican en historia, y que la historia de los pecados sería un tanto cuanto divertida», escribía en «Vuelva usted mañana» con ese estilo imperecedero, que, acaso, solo tuvieron Cervantes y Quevedo en la literatura y Camba, González-Ruano, Umbral y Alcántara en el periodismo. Para convertir la contraportada en una página que permanece incólume en la memoria de los siglos.

La hucha de las pensiones tirita, se nos muere con el frío de diciembre. La hucha de las pensiones está apenada, triste, solitaria, cabizbaja, abandonada, huidiza, llorosa… Soliviantada, agitada, desconcertada, taciturna, impulsiva, desconocida. Un golpe más y se rompe, se divide, se fragmenta, se escinde, se arruina en su propia ruina. El Gobierno ha vuelto a meter la mano este mes navideño para poder hacer frente a la extraordinaria. La cantidad ha sido de 9500 millones de euros. Ya solo quedan 15900 millones. El fondo de reserva resta y no suma. Los ahorros acumulados tocan a su fin como una metáfora que se agota en su finitud asimétrica, por no haber sido sino una palabra torpe y deslavazada; inservible y refractaria. La precariedad, la temporalidad, la estacionalidad y los bajos salarios conducen a las arcas de la Seguridad Social a una agonía lenta, pero terrible, en medio de la incertidumbre, la duda, el recelo y la inseguridad. Con sueldos de quinientos, seiscientos, ochocientos  o novecientos euros y con contratos temporales, en lugar de fijos, el sistema se resquebraja y se define a sí mismo como impotente en su propio laberinto.

La realidad no engaña a nadie salvo al Gobierno del Partido Popular y esta no puede ser más alarmante. La vaca ya no da leche y la narración del cuento necesita el argumento de la verosimilitud frente al de la ficción. Subir los impuestos para ahogar a la clase media en unas circunstancias de dificultades y carencias es echarle leña al fuego. Apretar las tuercas a las empresas es ir contra quienes crean trabajo y riqueza. Lo que hace falta preguntarse, sin más dilación, es  quién le pone el cascabel a este gato. Porque alguien se lo tendrá que poner antes que tarde. Si la situación no cambia, en diciembre de 2017 el abono de la paga extra será una aventura imposible. Para entonces, y según los cálculos del propio Gobierno, el déficit acumulado habrá dejado casi vacía la hucha y, por lo tanto, los números tendrán el color rojo del déficit. Pagar las pensiones de viudedad y orfandad con impuestos solo será un parche inconsistente y ruinoso; devastado y asolado; empobrecido y desvencijado; escuálido y endeble; decadente y decrépito, si no se crean puestos de trabajo dignos. «La estructura equivocada es una garantía de fracaso», dijo alguna vez Peter Drucker con palabras que permanecen, aunque el viento trate de llevárselas.  A Cristiano Ronaldo y a Leo Messi, a Neymar y a Bale, nada les faltará cuando se jubilen. ¿Y a usted, a mí y al vecino? Hay preguntas cuyas respuestas se proyectan en su sombra creciente como si fueran un fragmento kafkiano. O, ¿por qué no decirlo?, un capítulo entero de «Finnegans Wake»; la novela enigmática en su propio enigma de James Joyce.

Manuel Peñalver

 

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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