Necesidad de un ejército europeo

Vaya por delante que en mi vida he tenido un arma de fuego y que, por diversas razones, entre ellas por haber residido en el extranjero durante la época que me correspondía hacer el servicio militar, no cumplí con dicha obligación.  Al defender la necesidad de un ejército europeo, no estoy pensando en ningún tipo de guerra, sino en la necesidad que tiene la UE de recuperar su libertad para tomar las decisiones que crea oportunas sin depender  de terceros Estados y de reducir la sensación de inseguridad que tiene el ciudadano europeo, aunque no se va a lograr la seguridad plena, pues esta inseguridad actual tiene otras muchas causas.

Conviene tener en cuenta al respecto que el ejército actual, más que un cuerpo ofensivo o de ataque, tiene una misión defensiva y humanitaria, como lo estamos viendo actualmente.

¿Para qué, entonces, necesitamos un ejército europeo?

Hemos visto que el triunfo del populismo tanto en Europa como en América está muy relacionado con la inseguridad que siente el ciudadano. Aunque aparentemente esta inseguridad sea mayor por lo que se refiere al puesto de trabajo, a la reducción del sueldo, al cobro de la pensión actual o futura o al porvenir de nuestros hijos, sin embargo tiene también mucha relación con el terrorismo, con las mafias o con el triunfo de regímenes totalitarios en los países vecinos.

Finalizada la guerra fría entre el bloque comunista y el occidental y caído hace ya 26 años el muro de Berlín, es difícil imaginarse una agresión exterior por parte de un ejército regular.  Hay, sin embargo, otro tipo de guerras y  de amenazas: la guerra híbrida de los rusos en Ucrania, el terrorismo internacional, el crimen organizado, las armas de destrucción masiva, el tráfico internacional de drogas, ante las cuales la UE no está suficientemente preparada.

La defensa europea y, por tanto, el ejército europeo, entra dentro de la política exterior de la UE. La defensa de la UE debe entenderse dentro de un contexto amplio, como un estado de seguridad no sólo frente a las agresiones armadas, sino  también frente a su libertad de decisión, frente a las relaciones con sus países vecinos y otros Estados, frente a su estado de bienestar o política social y frente a sus valores  característicos. Uno de los temores de muchos europeos ante la avalancha de refugiados es que puedan acabar con la identidad y los valores de Europa.

La política de defensa ha estado siempre hasta ahora en manos de los Estados miembros y dentro de un ámbito internacional, la NATO. Pero la experiencia de las últimas décadas está mostrando que los intereses de la NATO no siempre coinciden con los intereses de Europa (caso de IRAK, Ucrania) y que, tal y como está organizada la política exterior y de seguridad común de la UE,  es una maquinaria muy lenta. El Eurocuerpo, este inicio o muestras de ejército europeo,  no pasa de tener un carácter simbólico de reconciliación entre Alemania y Francia y al que se fueron sumando otros tres Estados miembros (Bélgica, España y Luxemburgo) y, aunque está realizando labores humanitarias encomiables en terceros países, no se puede considerar como un ejército europeo ni se puede decir que esté contribuyendo de manera decisiva a la seguridad europea.

No se trata únicamente de la necesidad de un ejército común que sustituya a los 28 ejércitos europeos, con el consiguiente ahorro de costes, sino de la necesidad de una política común de defensa y de seguridad. Una política de defensa común no será posible si la UE no tiene una política exterior y de seguridad común, pero no en el ámbito intergubernamental, que precisa de la unanimidad y que desde su creación por el Tratado de Maastricht se encuentra paralizada por los intereses contrapuestos de los diferentes Estados miembros, sino una política común de la UE  dentro del ámbito así llamado “comunitario”, con plena participación del Parlamento Europeo.

La seguridad que proporciona un ejército modernamente equipado afecta directamente a los Estados, pero indirectamente a todos los ciudadanos.

Mientras el ciudadano tema por su seguridad, sus decisiones no serán totalmente racionales, y los populismos explotarán el miedo de los ciudadanos. Sé que la inseguridad laboral y democrática de los ciudadanos es aún mayor que la que se basa en factores externos, pero de esta hablaré el próximo día.

Félix de la Fuente Pascual

 

 

 

Félix de la Fuente Pascual

Sobre Félix de la Fuente Pascual

Licenciado en Teología y Derecho, es autor de las obras «Glosario Jurídico-Político de la Unión Europea», 2002 (Tecnos); y «Dictionnaire juridique de l’Union Européenne» (Bruyland, Bruselas, 1998). Ha sido funcionario por oposición del Parlamento Europeo, donde ha vivido muy de cerca la grandeza y la miseria de la política, y actualmente trabaja como traductor jurado de alemán.

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