El periódico en el siglo XXI

 

Levantarse a las seis de la mañana en punto para ver el color que anuncia el amanecer, tomar una taza de café con leche, regar el pan con aceite virgen extra de la tierra y comenzar a leer el capítulo del libro, que no terminamos el día anterior, son realidades en las nuevas metáforas, que se suceden como si fueran poemas con la misma cadencia de un haikú zen. Pronto llegan las ocho, la hora elegida para acercarse a un kiosco de prensa. Con inmediatez, acude a mí esta pregunta: ¿Por qué los jóvenes leen tan poco los periódicos? «Por cada página escrita, cien leídas», decía Riszard Kapuscinski. Al cabo de las generaciones, las situaciones y los contextos se conjugan de otro modo. Esta premisa nos lleva a defender la concepción del periódico como proyecto intelectual, de manera que la edición impresa y la edición digital convivan en armonía. Ser periodista en el siglo XXI es un reto apasionante y, si se quiere, una aventura mirífica en el momento en el que la memoria erige el tiempo de la información. A los lectores que prefieren el formato de papel hay que ofrecerles el análisis, la opinión y la narración de las historias seleccionadas con la prosa de los grandes maestros: Larra, Kapuscinski, Tom Wolfe, Gay Talese, Umbral, Alcántara, Vicent… A quienes prefieren la edición digital hay que presentar al instante la versión que resplandece en el nombre del nuevo siglo.

Esta búsqueda constante explica que el Washington Post supere al New York Times en el tráfico online. 71,6 millones visitas, frente a 68,8. Los móviles, los portátiles, las tabletas, Facebook, Twitter, las redes sociales, en su conjunto, son hoy los medios preferidos por grandes grupos para seguir la actualidad. Un producto distinto, con una estructura diferente. Martin Baron, fiel exponente de esta nueva etapa, defiende el hecho de que hay que aprender a contar los grandes temas en las plataformas digitales, sin que ello suponga menoscabo alguno de la calidad de los textos. Y arguye oportunamente: «No creo que los periódicos tradicionales debamos enfocarnos solo en las ediciones impresas». Para defender que el activo más importante de un medio de comunicación es la credibilidad. Para cumplir los objetivos previstos, las relaciones entre los medios y la tecnología deben partir de un compromiso con la innovación, de forma que los usuarios gocen de todas las ventajas de este enfoque, sin el cual el periodismo de nuestro siglo no puede entenderse. Respeto a la tradición, mas dejando vía libre a los cambios que dibujan la larga recta de las tendencias más innovadoras. «Hay compañeros que se aferran a la nostalgia; no terminan de asimilar que el tren va a pasar y que al maquinista no le importa quién se suba y quién no», ha remarcado David Jiménez, con un argumento que no olvida el verdadero referente de la primera estación en la que para ese tren, que configura la «web». ¿Se acerca la hora de la defunción de las ediciones de papel? «Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema…», escribía Pablo Neruda en ese instante que es ahora en la lectura de las infinitas inflexiones de la tarde, cuando el sol con su color melocotón nos acompaña en la simétrica modificación de las horas.

Los fundamentos de la lengua unidos, con el propósito de representar los nuevos conceptos de la comunicación para llegar a todos con los recursos más innovadores. Sin olvidar nunca, lo que afirmó Jon Lee Anderson en su diálogo con las letras más hermosas de la escritura: «El periodismo no puede abandonar su condición humana jamás». En el ámbito sereno de la biblioteca hay orden. La conversación prosigue sin epítetos. Un hoy diferente es el punto del que parte el futuro. «El periodismo no cumple su función si mira a los náufragos desde la cubierta de un barco seguro, tomando fotografías de los que se ahogan, a prudente distancia». En las esquinas del mundo ya aparece corregido el último verso. Y en los lentos colores de la noche descubrimos el arte de tejer el recuerdo. Entre Fígaro y Twitter la geometría de los párrafos sigue el rumbo del primer anaquel. Gotas de luna se funden con el alba en un fragmento del Quijote. «Un buen periodista debe ser capaz de andar en todos los niveles. O al menos intentarlo».

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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