Puente de Los Militares

Puente de Los Militares

Se llevaron el puente de Los Militares. Esa pasarela a la que me llevaba mi padre de pequeño, con el triciclo, a ver los camiones pasar y les hacíamos que pitasen con el gesto característico. Cuántas horas… Inocentes niños a los que se nos resistían sus rampas al intentar subir en bicicleta, hasta que nos dimos cuenta que por mucha carrerilla que cogíamos, con el piñón grande era imposible. Rampas desgastadas no solo por nuestras bicicletas, también por los tantos cacharros que se nos ocurrían una tarde cualquiera para tirarnos inconscientemente. Aún nuestras rodillas tienen sus recuerdos. Punto de peligro si tu madre te veía al otro lado. Lugar de encuentro durante el fin de semana del Gran Premio de Jerez, de pequeños y no tan pequeños, para ver las miles de motos que desfilaban. Testigo de los vuelcos de camiones a la salida de la rotonda, y el despliegue consecuente después. Por la noche, viniendo de Utrera, pasar de un lado al otro, oscuro, alto… una aventura. Sus numerosos cambios de pintura.

Para los que nos hemos criado en Los Militares, el puente era la entrada o la salida de la barriada. Esa querida pasarela que avistabas desde la avenida de Portugal, caminando hacia casa, en agosto, a la 1 de la tarde, 35 o más grados, y que cuando la atravesabas era ya un alivio, no antes de pegarte un sofocón en sus dos primeras rampas.

Por mucho que cambie la zona, para mí y sé que para muchos más, ahí siempre habrá un puente. No estará, pero siempre permanecerá en nuestros felices recuerdos de infancia.

P.P.O.

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